Gabriel J. López Arrieta

Tribuna Invitada

Por Gabriel J. López Arrieta
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No balas al aire, ni al residencial público

Por los pasados 14 años, y de manera ininterrumpida, en los 332 residenciales públicos en Puerto Rico se han celebrado diversas actividades y marchas para llevar un mensaje de “no balas al aire” en la época navideña, pero muy en especial, en las celebraciones de despedida de año

No hay duda de que esta gesta ha sido loable. Es admirable que los habitantes de los residenciales públicos hayan sido consistentes en esta campaña de prevención para que ninguna familia en el país viva las desgarradoras historias de otras que han sufrido la pérdida de un ser querido por una bala perdida. Familias como la de Héctor Manuel de 15 años (1999), Margarita Alejandro de 62 años (1999), Jennifer Pérez de 12 años (2002), Jessica Pacheco de 9 años (2003), Francisco Javier de 14 de años (2011) y Karla Michelle de 15 años (2012) vivieron la tragedia justo en las Navidades.

Ciertamente, Roberto Vélez Santori, el inigualable Papo Cristian del residencial Manuel A. Pérez “Manuela”, de firme convicción y fuerte verbo, ha sido muy efectivo en agrupar a otros líderes comunitarios (siendo justos, nombrarlos a todos necesitaría varias columnas más) de los residenciales públicos y ha creado la conciencia necesaria en toda la gente buena, pero con mayor énfasis en los no tan buenos, para que se respete y valore la vida, durante este periodo.

Por otro lado, Don Carlos Negrón, a quien muchos conocemos mejor como el papá de Karla Michelle, ha contribuido enormemente en el proceso de crear conciencia sobre este problema en todo Puerto Rico. Don Carlos lucha cada año contra la tristeza que le causa recordar la muerte de su hija. Con mucha entereza y firmeza, la cual pocos tendríamos en su lugar, participa activamente en esta campaña para recordarle al país que un irresponsable le arrebató la vida a su hija la fatídica madrugada del 1 de enero de 2012.

Llega el momento, en que con la misma entereza y firmeza todos, como sociedad, debemos reconocer que esta campaña de “no balas al aire” será realmente efectiva cuando no recaiga toda la responsabilidad exclusivamente en los residenciales públicos del país. Y de una vez, se deje de estigmatizar este problema social y se libere la sociedad del discrimen más burdo hacia los sectores de menos riquezas y limitadas oportunidades, de que todo lo malo solo ocurre en los residenciales públicos.   

Seamos honestos con nosotros mismos, y reconozcamos que los males sociales de violencia, robos, asesinatos, maltratos, abuso sexual, drogas y alcohol, entre otros más, no son exclusivos del residencial público, sino, que tristemente también ocurren todos los días en las urbanizaciones cerradas, los campos y las barriadas de Puerto Rico.

Esto queda más que evidenciado, cuando analizamos las estadísticas publicadas por el Departamento de Corrección y Rehabilitación (DCR) de Puerto Ricoen el Perfil de la Población Confinada en 2015. En dicho informe se detalla que del total de los 12,074 confinados (hombres y mujeres) 2,199 de estos son residentes de residenciales públicos y 8,960 son de urbanizaciones y barriadas, esto representando un 18% y 74% del total de la población de confinados en el país, respectivamente. Hay que preguntarnos seriamente, ¿es un asunto exclusivo de los residenciales públicos? Convencido que no lo es, debemos insistir sin descanso en la responsabilidad que nos recae a todos como sociedad.

Por los pasados cinco años, hemos sido afortunados de no tener muertes a causa de “balas perdidas” en despedida de año. Pero no nos llamemos a engaño, porque en mi caso y estoy seguro que el de muchos más, minutos antes de las doce de la madrugada salimos corriendo a un lugar “seguro” junto a nuestros hijos y familiares para evitar cualquier desgracia. Los fuegos artificiales que esperamos con tantas ansias a la medianoche, no los vemos por miedo de que algún inconsciente dispare al aire. Pero, ¿es ese recuerdo del corre y corre que deseamos que tengan nuestros hijos?

No habrá campaña efectiva de “no balas al aire” hasta que entendamos que nadie en esta sociedad está exento de sufrir alguna desgracia, por quien o quienes practiquen este acto tan irresponsable. Con el respeto que le tengo a Papo, no dudo que diría: “¡Maldita sea, esto es responsabilidad de todo Puerto Rico!”

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