Raúl A. Pérez Rivera

Tribuna Invitada

Por Raúl A. Pérez Rivera
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No cierren el museo

Aunque hubo muchas críticas sobre la creación del Museo de Vida Silvestre de San Juan, la instalación es de gran utilidad. Tiene la colección de mamíferos más grande que hay en Puerto Rico, incluyendo especies en peligro de extinción, que hoy día es imposible conseguir. En general, las exhibiciones fueron bien preparadas, al punto de que utilicé las instalaciones para ofrecer partes de mis cursos de zoología y ecología.  

El museo sufre pérdidas porque la administración municipal no ha sabido manejarlo. Desde que abrió sus puertas se les recomendó  introducir exhibiciones de organismos de Puerto Rico. A tales efectos se planificó crear una cueva con los murciélagos de la Isla y una exhibición de aves endémicas. Para el primer proyecto se consiguió un patrocinador decidido a cubrir todos los gastos, aproximadamente $50,000.  Sin embargo, la administración municipal no dio lugar a los cambios.

También se recomendó hacer las exhibiciones más interactivas y hasta se prepararon modelos sencillos, dirigidos a esto. Tampoco se le dio paso. Se les indicó a los administradores, que estas exhibiciones gozan de la atención del público por unos tres años y que luego, había que tener nuevos ofrecimientos para motivar a que la gente lo siguiera visitando. A tales efectos se recomendaron exhibiciones itinerantes. No obstante, la única que se hizo con éxito, fue una exhibición de dinosaurios.

Por otro lado, se instó a que se asociaran a otros museos y organizaciones afines, para hacer intercambios de préstamos de organismos o de exhibiciones. Esto también cayó en oídos sordos.

El personal que se contrató en el museo fue gente bien seleccionada, la mayoría del Programa de Manejo de Vida Silvestre, en Humacao. Algunos ya habían terminado su maestría. Sencillamente, se utilizaron como guías y algunos, por distintos motivos, solicitaron ser movidos a otros puestos en el municipio o renunciaron.  

El objetivo original era que este personal tuviera la capacidad para producir módulos educativos a utilizarse con estudiantes desde el nivel elemental hasta el superior.  Obviamente, el personal necesitaba tiempo para preparar dichos módulos. Como hubo estudiantes y gente retirada que se ofrecieron a colaborar con el museo, se le sugirió a la administración hacer un club de amigos del museo, en donde se prepararan estudiantes y retirados para que sirvieran de guía a un costo nominal o gratis.  Esta es una práctica común particularmente en zoológicos de los Estados Unidos. Además de economizar, la iniciativa pudo permitir a los biólogos construir los módulos antes mencionados con la intención de hacer acuerdos con el Departamento de Educación y las escuelas privadas para que pudieran ofrecer cursos en el museo aun costo razonable. Sin embargo, no hubo acción para encaminar esa propuesta.  

Me acuerdo que el primer director tuvo la idea de ofrecer un espacio que había en las facilidades para poner un restaurante de franquicia y con este dinero se recobrara algo del costo del manejo del museo. Tampoco lo consideraron.  No se necesitan $3 millones para hacer los cambios indispensables para que el Museo de Vida Silvestre de San Juan vuelva a ser un atractivo y una herramienta educativa de excelencia para los puertorriqueños y los turistas que nos visitan. Es un asunto de visión, compromiso con la educación y voluntad. 

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