Miguel Romero

Tribuna Invitada

Por Miguel Romero
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No es la medalla, es el ejemplo que da Mónica

El pasado sábado, los puertorriqueños pudimos presenciar un momento único en la historia del deporte boricua; por primera vez se escuchaba “La Borinqueña” en unas Olimpiadas. La emoción que sentimos todos ante el triunfo de Mónica Puig al obtener la medalla de oro representando a Puerto Rico unió todo un pueblo detrás de su campeona olímpica.

Sin embargo, hubo algunos políticos, que tras el triunfo de Mónica Puig, buscaron sacar ventaja electoral de este momento histórico, tratando de menospreciar o invalidar el enorme orgullo que sentimos todos, inyectando politiquería y división ideológica. Estos políticos que buscan votos en los logros ajenos, además de demostrar su ignorancia, le faltan el respeto a la misma Mónica, al intentar aprovecharse políticamente, del fruto y el esfuerzo de esta joven que le ha dado tanto a Puerto Rico.

Fue como si el amor por nuestra patria dependiese de nuestras creencias ideológicas, o como si detrás de cada estadista, no estuviesen los mejores deseos de bienestar y prosperidad para todos los hijos de nuestra tierra. Además, parecen no reconocer que el verdadero legado de Mónica Puig no está en la merecidísima medalla que obtuvo, si no en el ejemplo que nos da a todos los puertorriqueños, especialmente a nuestros jóvenes, que son el futuro de Puerto Rico. 

Leyendo recientemente una entrevista a los padres de Mónica; su mamá, Astrid Marchán, mencionó el gran amor de su hija por Puerto Rico y el orgullo inmenso que siente por representarnos a pesar de que la familia reside en Miami, Florida. Además, enfatizó en como Mónica ha dado un mensaje a la juventud, “Si tienes perseverancia, las cosas se logran”.

Por eso es que siento que es el ejemplo que nos ha dado Mónica su mayor aportación y legado a Puerto Rico.  Nos ha demostrado que no hay distancia, ni lugar donde se pueda residir que pueda limitar el amor y orgullo puertorriqueño. Nos ha demostrado que el que persevera, actúa con disciplina, se esfuerza y trabaja para alcanzar sus metas puede trazar su propio destino. En fin, nos ha demostrado que podemos ser buenos puertorriqueños al utilizar el éxito individual para fomentar la unidad colectiva de un pueblo, con mayor desprendimiento que muchos de nuestros oficiales electos.

En los próximos días, Mónica Puig, pisará la tierra que la vio nacer, para compartir su triunfo con su pueblo. Permitámosle así hacerlo, sin divisiones ni protagonismo político; ella se lo merece por su triunfo y estamos todos obligados si respetamos su ejemplo.

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