Carmen Zoraida Claudio

Tribuna Invitada

Por Carmen Zoraida Claudio
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No estamos enterrados, solo nos estamos resembrando

Todo llega cuando es su momento; nunca antes, tampoco después. Mientras al amanecer de este pasado domingo reflexionaba con la ayuda de un libro hermoso, me encontré con este pensamiento: “Usted no está enterrado, está sembrado”.

Miro a mi alrededor y observo el hermoso paisaje. Lo contrasto con el “aftermath” del huracán María. Árboles que hace poco vi totalmente pelados y secos, ya tenían ramas verdes y frondosas. Las heliconias cuyas hojas parecían cortadas por navajas en mil pedazos largos casi simétricos, ya tenían bellas flores; algunas escondiditas empezando a enseñar poco a poco su gran belleza. Las palmeras, cuyas hojas hace meses caían secas, ya enseñaban su verdor brotando en lo alto. Muchas florecitas silvestres ya arropaban espacios del suelo con su color violeta, amarillo o blanco. Las bromelias que casi volaron hacia otro espacio, estaban asentadas y listas para seguir floreciendo; otras ya lo estaban.

Reflexiono sobre la grandeza de nuestro Puerto Rico, sobre la capacidad de ponernos de pie. Esto que ahora llamamos resiliencia, como si no se supiera que nuestro pueblo históricamente la ha demostrado. Pienso en la gran enseñanza que encierra toda esta experiencia y en la necesidad de aprovecharla al máximo en todo nuestro entorno.

Me ubico en mi escenario inmediato, nuestro colegio. Recuerdo esos primeros momentos pos María de grandes retos y cómo los pudimos superar, para luego nuestros estudiantes, facultad y padres ayudar a otros en gran necesidad. Veo en ellos una actitud muy positiva en la manera de adaptarse a una nueva realidad,  cómo han afianzado sus valores y estuvieron prestos rápidamente para continuar la rutina escolar, sin mayor dificultad.

Puerto Rico no está enterrado, nos estamos resembrando y ya germinando. Unos más rápido que otros, y con mayor o menor dificultad, en un terreno más fértil, con un periodo de florecimiento variable pero seguro.

Somos los padres y educadores los que tenemos la mayor tarea en este nuevo Puerto Rico. Todavía nadie me lo ha refutado. ¿Cómo desarrollar en nuestros hijos y estudiantes una actitud positiva y de esperanza ante todo lo vivido en tan poco tiempo? Comencemos por eliminar de sus mentes el “no puedo”.  Ser positivos es una actitud mental que se cultiva. No todo nos sale bien, pero podemos hacerles ver cada experiencia negativa de manera constructiva y se convertirán en niños, jóvenes y adultos resilientes.

Si la actitud positiva no se vive, esta no se puede enseñar. Evitemos abacorar a nuestros niños con pensamientos negativos. No podemos evitar que estén expuestos a los mismos, pero debemos ayudarles a manejarlos y, si la experiencia es personal, a “hacer de un limón una limonada”.

Aplicando un poco la teoría de desarrollo cognoscitivo de Piaget, nuestros niños y jóvenes han fortalecido y desarrollado nuevos esquemas mentales al construir conocimiento basado en lo aprendido anteriormente y en la experiencia de María; han pasado de la adaptación y asimilación al equilibrio. Todos experimentarán nuevas situaciones que les llevarán de nuevo a un desequilibrio. Sin embargo, nuestro objetivo es que fortalezcan sus esquemas mentales y lleguen al esperado balance cognitivo, personal y social.

Nuestra naturaleza ha tenido muchos efectos negativos, pero está “resembrada”. Nuestros estudiantes se han expuesto a un impacto muy negativo, y nuestras escuelas, los padres y la sociedad tienen la responsabilidad de resembrar en ellos la semilla del futuro puertorriqueño. 

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