José A. González Taboada

Tribuna Invitada

Por José A. González Taboada
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No fue al gobernador a quien le fallaron los acusados

DDónde nos equivocamos? Hemos escuchado muchas veces a padres y madres hacerse esa pregunta cuando sus hijos se desvían del camino del bien. Igual podemos preguntarnos los que hemos dedicado nuestras vidas a la educación, en todos los niveles.

El típico criminal de cuello blanco tiene uno o más grados universitarios y ha sido expuesto frecuentemente a la enseñanza de valores. Esto, sin contar la enseñanza religiosa que alguna vez recibió de sacerdotes, ministros o laicos de su iglesia. Entonces, ¿qué pasó? ¿Por qué, cuando se le presentó la oportunidad de hacer algo ilegal, no vinieron a su mentes esos valores que aprendió desde temprana edad? Y si vinieron, ¿por qué decidió ignorarlos? ¿Qué pasó con aquello de que tus valores cuentan?

Dentro de un mes iniciaré mi año número 50 como profesor universitario. Toda mi vida profesional la he dedicado a educar a la juventud. Frecuentemente, en mi intercambio con los practicantes de mi profesión (contabilidad), alguno que otro me ha dicho: “Tú enseñas a hacer las cosas por el libro, nosotros enseñamos cómo se hacen en la calle”. O: “Tú enseñas la teoría, nosotros la práctica”. Esos argumentos quedaron desacreditados a principios de este siglo con los escándalos de Enron, World Com y otras empresas. Si los ejecutivos de dichas empresas hubiesen hecho las cosas “por el libro” y aplicado correctamente la “teoría”, no hubiéramos tenido estos escándalos.

Igualmente, si los funcionarios y contratistas hoy acusados hubieran puesto en prácticas los valores que les enseñaron, no le hubieran fallado al pueblo de Puerto Rico. Porque no fue al gobernador a quien le fallaron. Fue a los miles de médico indigentes de este país, cuyas vidas están en riesgo por falta de atención médica adecuada y medicamentos. Fue a los miles de niños pobres que carecen de una educación adecuada y a los que necesitan educación especial y no encuentran los servicios necesarios.

Siempre podemos mejorar los currículos escolares y universitarios. La educación tiene que evolucionar y mantenerse un paso adelante de las tendencias sociales. Pero, hay otras fuerzas poderosas que han operado en el Puerto Rico de los últimos 50 años. La avaricia, el consumismo, la búsqueda de una mejor posición social, aquello de “tanto tienes, tanto vales”. Y no es posible combatir esas fuerzas en las aulas cuando muchos de nuestros líderes, incluyendo, lamentablemente, religiosos, fomentan las posesiones materiales.

¿Dónde está la raíz de este problema? Parte del mismo es el mal ejemplo que ha dado el gobierno al gastar desmesuradamente y endeudar al pueblo hasta el extremo de no poder pagar nuestras deudas. Otra parte proviene del cambio en énfasis en nuestra economía, de una economía de producción a una economía de consumo. Antes, el orgullo de un municipio era una fábrica exitosa que producía bienes y generaba empleos. Hoy, el orgullo de ese municipio es un centro comercial con una o más megatiendas y “fast foods”. Ya no existe el orgullo por producir. Ha sido sustituido por el orgullo de adquirir.

Recordemos a Víctor Fajardo; una casa y vehículos de motor de lujo, viajes a Colorado a esquiar y a Chicago a ver a Michael Jordan. Nunca se le vio en Bellas Artes o en un museo promoviendo la cultura y los valores.

Obtener ese estatus no es gratis. Cuesta mucho dinero y para algunos es más fácil robarlo que ganárselo honradamente. Advienen al servicio público para lucrarse sin esfuerzo. Y desgraciadamente, sus jefes, electos por el pueblo, están distraídos en asuntos de estatus y la reelección.

Nuestro pueblo necesita una reflexión colectiva. ¿Hasta cuando vamos a tolerar esta situación? ¿Cuándo y cómo vamos a limpiar al país? Tal parece que nos hemos acostumbrado a esta situación y decidimos tolerarla hasta que surja el próximo escándalo. “Robó, pero hizo obra” era la excusa. Ahora están robando y no hay dinero para obra.

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