Edna Vázquez Bonnet

Punto de vista

Por Edna Vázquez Bonnet
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No hay que escoger entre la economía y la salud

El licenciado Fernando Mercado Fuertes es co-autor de esta columna.

El pueblo de Puerto Rico lleva poco más de un mes en cuarentena. En estos momentos varios grupos de algunas empresas han enviado cartas y comunicados al gobierno en que solicitan la flexibilización de las medidas de aislamiento. La “presión” que ejercen no es bien vista por el sector médico, incluso por los actuarios y los analistas de riesgos de las aseguradoras mundiales. Sin embargo, mientras más tiempo transcurra, las personas asalariadas se ven afectadas en sus bolsillos y la administración de la gobernadora Wanda Vázquez Garced se ve presionada a ponderar cuál debe ser su curso de acción. 

¿Flexibilizar para salvar la economía o mantener las medidas para salvar la salud de la población?

La realidad es que la premisa es falsa. Ambas van de la mano. Si algo debemos aprender de la gripe española de 1918 es que la cuarentena salva vidas y (aunque le cueste creerlo a algunos en el sector privado) salva las economías. Un estudio académico publicado en marzo de este año detalla cómo las jurisdicciones que mantuvieron intervenciones robustas de salud pública (como cuarentenas) sufrieron menos impacto económico durante la gripe Eespañola. Las jurisdicciones que no llevaron a cabo cuarentenas, por razones de los reclamos empresariales, sufrieron contracción económica en grados superlativos. 

El caso de Puerto Rico

Puerto Rico estuvo a la vanguardia, al ser de las primeras jurisdicciones en Estados Unidos en tomar medidas de cuarentena. Según los reportes de movimiento de dispositivos electrónicos publicados por Google, la población ha seguido las medidas de aislamiento. De acuerdo con los datos publicados, el movimiento de la población puertorriqueña ha bajado sobre 80% en la mayoría de los renglones, con un alza en el movimiento residencial.  

Los modelos de análisis de riesgo que hemos consultado resultan alentadores. Por ejemplo, tomemos de partida una proyección conservadora en donde una persona infecta a otras dos personas. En ese caso, la diferencia entre establecer una cuarentena en el momento que se hizo, o haberla establecido un mes después, es de 80,000 casos. Puerto Rico ahora está rondando los 1,000 casos. La cuarentena funciona.

Aprendamos de lo que ocurre a nivel mundial

Los países que no han implantado la cuarentena o que han mantenido medidas flexibles están encontrando una ola de nuevas de infecciones. Esto es lo único que se puede esperar si no hay algún tipo de inmunidad (no queda claro si anticuerpos se están formando en suficientes pacientes) y tratamiento efectivo. Incluso, personas que habían sido dadas de alta están volviendo a infectarse, o sea a sufrir una segunda ronda del virus. 

El peligro de muertes y las demandas en empresas y gobiernos que veremos llover

Enfrentados con esta realidad, las empresas deben tener mucho cuidado al querer reanudar operaciones. Reconocemos la situación precaria de varias empresas, especialmente las pequeñas y medianas o pymes. Muchas empresas han buscado cobrar el seguro de interrupción de negocio para encontrar que la pandemia no representa un evento reclamable, pues las pólizas excluyen toda reclamación por daños producidos por virus, bacterias u hongos.  No obstante, reabrir el negocio para comenzar a operarlo es un riesgo increíble, aún con guías, protocolos y medidas de seguridad. 

Las guías y medidas de seguridad de por sí pueden representar un posible riesgo, si no se implantan adecuadamente. Si se establecen guías de trabajo y esas guías son deficientes de alguna manera, tanto en su desarrollo como en la implantación, las empresas corren el riesgo de cese de operaciones y muertes, y se arriesgan a ser parte de las olas de demandas en daños y perjuicios que vienen en camino. Implantar medidas seguras implica adiestramiento robusto, compra y uso de equipo diseñado cuidadosamente para un propósito específico y una disciplina de supervisión constante. En los casos que hemos sido consultores de riesgos y de medidas de seguridad, nuestro análisis reveló que los costos y riesgos asociados a estas medidas sobrepasan las posibles ganancias del negocio. 

Con la virulencia de COVID-19, el estado de la salud y precariedad de la población puertorriqueña, junto con la dificultad de administrar mayores números de pruebas de calidad, queda claro que flexibilizar no es una opción en este momento. Un mejor uso de los esfuerzos de los cabilderos del sector privado pudiera ser conseguir mayor asistencia económica federal, un mayor número de pruebas certeras para toda la población y guías claras para una eventual reapertura, bien planificada, por etapas y por zonas. 

Así las cosas, se nos va la vida si comenzamos una apertura precipitada, ya que tenemos que tener en cuenta que esta pandemia no puede coincidir con la etapa anual de la influenza, pues sería catastrófico. Las muertes serían mucho mayores y entonces no tendríamos un futuro próspero cercano.

Todas las pandemias causan depresiones económicas y así se ha documentado en la gripe española en 1918. Esta pandemia fue de mortalidad catastrófica. Murieron millones y millones de personas y duró dos años, afectando a la población mundial. Durante la actual pandemia han sido afectadas personas de la realeza y ministros de importantes países. En la gripe española sucedió lo mismo: fueron afectados Franklin Delano Roosevelt, Woodrow Wilson, el emperador de Alemania, Guillermo II, Alfonso XIII Rey de España y el primer ministro británico Lloyd George. 

En las ciudades que ignoraron la cuarentena, las olas de muerte y colapso económico fueron increíbles. La diferencia es que en la gripe española los síntomas aparecían rápido. Con COVID-19 una persona enferma puede ser asintomática por un tiempo largo, afectando así a una población mayor.   

Leamos la historia para que usemos la experiencia como nuestra guía y brújula para poner en prioridad la salud y no la economía. 

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