Ada Álvarez Conde

Tribuna Invitada

Por Ada Álvarez Conde
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No le dejemos el país a los corruptos

El problema no es lo que ha salido en la Prensa sobre los casos de corrupción, sino que varias personas, incluidos funcionarios e inversores políticos, abusaron de su poder con la expectativa de que nunca nadie iba a enterarse.

En el mundo de la política impera el poder de la percepción más que la realidad, así que lo importante no es explícitamente la acusación formal del Tribunal, sino que la percepción general de quien está implicado.         

A la gente le gusta enterarse de lo que pasa tras bastidores en la política porque el conjunto de actitudes y acciones incorrectas ha hecho que la gente pierda la confianza en los políticos y las instituciones de gobierno.

Se habla de que el que no tiene padrino no se bautiza, se espera que baje una flota de gente con el candidato en los eventos. Si tienen gafas, chalecos o audífonos de seguridad es aún más imponente; a la gente le gusta el drama.

Lo que no nos debe gustar es la corrupción. Tenemos que tener una política de Cero Tolerancia a la Corrupción y eso se logra principalmente con una gobierno donde todos los procesos se den de forma transparente, donde el funcionario dé cuenta de sus acciones y que la gente sepa que han hecho con sus contribuciones al fisco.       

Los candidatos tienen que tomar un curso de ética gubernamental. 7.5 horas no son suficientes para algo que debe practicarse durante toda la gesta pública.         

Pero, ¿dónde están los valores y los principios que se deben inculcar en la familia y la escuela?         

El que comete un acto de corrupción, roba, ultraja y destruye la esencia de lo que es ser un buen ciudadano, y en su casa un funcionario en quien el pueblo a delegado su confianza y sus manos para labrar nuestro destino. Fracasa un pueblo con cada acto de corrupción.        

No nos llamemos a engaño: esto sí es de personas y de partidos, de ambos partidos mayoritarios, de esquemas bien orquestados.  De los dos partidos que han gobernado, todavía vemos a otros políticos defendiéndolos a capa y espada para que no les salpique, justificando actuaciones incorrectas, ilegales, antiéticas e inmorales. Esto último, por aquello de que no se utilice de excusa que no se ha acusado a nadie.  Son incontables los impunes, los que pasan con fichas, pero son más los implicados.

De más está decir que hace falta transparencia, acceso a la información para poder agilizar y garantizar la fiscalización. Como fui designada legisladora municipal y luego radiqué como candidata, tuve que tomar el curso requisito dos veces en menos de seis meses. Decía Zulma Rosario, de OEG, que sólo tienen a 10 abogados para todas las querellas, por lo que propuse, que alguna de las universidades asignaran un “pro bono” anti corrupción y sean aliados de esa oficina para agilizar que la fiscalización sea ágil. Hay que descubrir los esquemas a tiempo y combatir la impunidad. Utilizar el poder para lo incorrecto, por el robo y por la desconfianza que genera en la gente, debe tener penas severas.         

Como dice Serrat: “No es triste la verdad, lo que no tiene es remedio”. Venga de donde venga, lo que está mal debe denunciarse. Al final quienes pierden somos todos, porque la gente con eso pierde más la confianza en las instituciones. Se deben hacer los referidos correspondientes y que no sea la impunidad la que prevalezca como suele suceder en la Isla. Al final del día, se mancillan y manchan los deseos genuinos de servicio por culpa de las malas decisiones de otros. Quien lo quiere hacer distinto es usualmente más criticado; pero es lo que hace falta. Tener confianza es posible, aunque conlleve consigo un acto de fe, si somos nuestra palabra, y en el servicio público sabemos que vamos a servir no servirnos, solo hay que cumplir con ese principio.         

Urge una reforma en la forma de hacer política. Los electores tienen que salir a votar el 8 de noviembre y dar un mensaje.  Un mensaje de cambio y transformación eligiendo a las mejores mujeres y hombres sin importar colores.  Quedan tan solo 70 días para las elecciones y no podemos perder las esperanzas, Hacen falta buenos, los íntegros, honestos, los que trabajan y se fajan, los serios, los que piensan en el País.         

No le dejemos el país a los corruptos y pobres de espíritu.         

El pueblo se levantará y dará un mensaje al mundo. Es sentirse orgulloso de lo que somos, razonando, lejos del fanatismo, escogiendo bien, todos los días con nuestras acciones y cada cuatro años en las urnas. Un mensaje a sus hijos, quienes se merecen un buen ejemplo y modelaje de los funcionarios que empeñarán la palabra de defender los intereses de esta isla preciada.               

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