Orlando Parga

Tribuna Invitada

Por Orlando Parga
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“¡No me dejen sola!”

No estaba en el libreto ni pareció ensayado.  Fue como un grito escapado de los hornos más secretos de su corazón a la conclusión de una hora de elaborada oratoria con la que destapó su aspiración para 2020.  La voz atenuada por el esfuerzo no restó emoción a la súplica.  Ducha en los avatares políticos, Carmen Yulín Cruz Soto sabe que su pretensión de capturar la candidatura a la gobernación del partido Popular Democrático le impone un camino minado, con la soledad de única compañera.

La primera reacción de su partido fue el silencio de la sorpresa; a Carmen Yulín ya la tenían empaquetada de viaje a Washington para enfrentarla a Jenniffer González por la comisaría.  Electa o derrotada a ese nivel, poco preocupaba su ideología soberanista, convencidos de que el candidato a la gobernación tendría el poder de la mayor jerarquía.  Hasta que la “doñita” los madrugó el día de la Abolición.

El problema ahora no es que el Partido Popular esté desnutrido de experiencia en primarias y que sus candidatos a la gobernación se hayan escogido en consenso de los poderes que lo controlan, sino que la posibilidad de Carmen Yulín implica la radicalización de un partido que ha vivido y fructificado en la indefinición ideológica.  Que lo devuelve a los tiempos de origen cuando fue necesaria la consigna de – “el status no está en issue” – para disfrazarlo de haberse fundado por líderes independentistas.  Y que, aun siendo esa la realidad existencial del liderato popular del presente, la militancia popular que los sigue no es independentista ni abriga rencores o complejos antiamericanos.  Todo lo contrario, que creen apasionadamente en la consigna que acuñó Muñoz Marín de “unión permanente” y vislumbran la estadidad como meta a largo plazo.

Habrá que ver si la astucia y capacidad histriónica que Carmen Yulín muestra en abundancia, despertando pasiones y  manejando planteos de discusión pública, serán suficientes para motivar una mayoría de populares a las urnas e imponerse como su contendora a la gobernación en 2020.  Para conseguirlo, tiene primero que vencer la fuerza inmovilista que domina con férreo control el timón de una antigua carabela apañada a seguir el rumbo de los vientos.

Cuán difícil luzca esa aventura, debe recordarse que en política todo es posible y que, al desechar el nuevo partido que ella misma fomentó y mantenerse popular, la alcaldesa Cruz Soto empuje a los electores de 2020 a finalmente decidir el estatus, escogiendo entre ser o no ser.

La súplica desesperada – “¡No me dejen sola!” – lo dijo todo.

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