Antonio Quiñones Calderón

Punto de vista

Por Antonio Quiñones Calderón
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“No me dejen sola; no me dejen sola”

Los resultados de La Encuesta de El Nuevo Día que midió las preferencias de los populares a la nominación a La Fortaleza en 11/20 y prácticamente descartaron a la alcaldesa Carmen Cruz Soto como opción, es lo más parecido a los que arrojaron las primarias demócratas del Supermartes. Allá, la concentración de los votantes demócratas detuvo al izquierdista aspirante a la Casa Blanca. Acá, los encuestados moderados y del centro del popularismo derrotaron los ímpetus izquierdistas de la alcaldesa Cruz Soto, aspirante a La Fortaleza y representante aquí de su socio Sanders. (Por cierto, afanosa ella por nominar un candidato a la presidencia de la nación, pero enemiga acérrima del voto presidencial, el que realmente cuenta).

Allá, el freno puesto por el exvicepresidente Joe Biden a la carrera del senador elogioso de los Castros y los Ortegas de la vida –carrera que parecía imparable–, interrumpió el pedido de la luz por señas con que los republicanos, con su presidente a la cabeza, imploraban en silencio por el triunfo primarista del senador Sanders.

Acá, la silenciosa súplica de los moderados y no socialistas era por la vulnerable nominación  de la alcaldesa Cruz Soto.

Allá, el presidente Donald Trump tuvo el martes una mala noche; acá, quien sea portaestandarte de la bandera por la gobernación en la papeleta del Partido Nuevo Progresista, también debe haber sentido cierta angustia. Tanto el senador Sanders como la alcaldesa Cruz Soto serían ciertamente el hueso más blandamente masticable para Mr. Trump como para quien abandere acá la papeleta del 3 de noviembre.

Allá, es terreno común la certeza de la incapacidad del senador por Vermont para poder derrotar al disfuncional presidente Trump, debido a sus posturas ideológicas (las del senador), encaminadas a dar a la nación un giro a la izquierda, así como sus propuestas populistas (o quincalleras) para capturar el oído de incautos y su oposición al endurecimiento del control de armas en la nación.

Acá, la alcaldesa de la capital exhibe el collar de la misma incapacidad. Al interior del propio Partido Popular, Cruz Soto es vista con mucha sospecha. Sus constantes llamados a crear “un nuevo Partido Popular”, basado en una mogolla ideológica con soberanistas, socialistas y antiamericanos, forman parte del círculo de suspicacias en que está inmersa. Entre el electorado general (importante para los resultados del martes 3 de 11/20), la absoluta carencia de obra -no solo la carencia, sino también su incapacidad para preservar la que encontró al iniciar su trabajo en la alcaldía-, la descalifican como una contendiente con probabilidades de triunfo.

Lo que de manera alguna implica que el PPD tenga el triunfo en sus manos, si el electorado del PNP –que cuenta con la base más grande de sufragios– acude a su cita con las urnas el 3 de noviembre.

Imagino la siguiente escena: la alcaldesa termina de leer, y entender, los resultados de La Encuesta. Lanza con furia el documento al piso. Despide al menos a dos o tres de sus empleados que encuentre en su camino, se asoma a la ventana de su oficina en el Viejo San Juan y comienza a gritar, aun con algún hálito de esperanza: “no me dejen sola; no me dejen sola”.

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