Ramón Cruz

Tribuna Invitada

Por Ramón Cruz
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No nos quedemos atrás

Recientemente se cumplieron dos años desde que el gobernador Alejandro García Padilla presentó cinco órdenes ejecutivas que posicionaban a la Isla en la dirección en la que la mayoría de los países del mundo se encuentra referente al cambio climático. Fue entonces algo histórico, pero parece como si hubiese quedado en el olvido. Aunque existen buenas intenciones, el País necesita vivir a la altura de nuestra región y del mundo. Es necesario crear un plan de acción nacional con iniciativas especificas para combatir este fenómeno.

Actualmente da la impresión de que el cambio climático es preocupación de un par de agencias ambientales. El Departamento de Recursos Naturales y Ambientales está haciendo lo posible por adelantar planes de adaptación. La Oficina Estatal de Política Pública Energética trabajó en un inventario de emisiones de gases con efecto de invernadero y la Junta de Planificación ha incluido el tema en su Plan de Uso de Terrenos.

Cabe señalar que la presidencia saliente de la Junta de Calidad Ambiental, que debió liderar esfuerzos, no hizo como le correspondía. Sin embargo, para tratar este tema seriamente, es necesario un esfuerzo de la sociedad entera coordinado por el Gobierno.

En la década de los noventa, cuando este tema comenzaba a ganar notoriedad a nivel mundial y se confeccionaba el Protocolo de Kioto, Puerto Rico estuvo a la vanguardia. Para entonces, el Gobierno comisionó un inventario de emisiones y un plan de acción. La mayoría de los países de la región y los estados de Estados Unidos no estaban a nuestra altura.

Veinte años después nos hemos quedado atrás por mucho. República Dominicana, por ejemplo, tiene un Consejo de Cambio Climático impulsado desde la Presidencia de la República y compuesto por diferentes ministros, desde Hacienda y Economía hasta Educación, Agricultura y el sector privado. Este Consejo trabaja, entre muchas cosas, en estimados de costos y beneficios de las iniciativas.

México también tiene una política pública nacional en la que el gobierno central coordina programas estatales y locales, además de tener un plan de desarrollo y financiamiento para atender el cambio climático. En los países de la región este tema no se ve como un asunto ambiental, si no como de naturaleza económica.

Todo esto es relevante porque el mundo se dirige hacia un nuevo acuerdo sobre reducción de emisiones y adaptación en la próxima Cumbre de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático en diciembre en París. Esta es la cumbre más grande que celebra la ONU y Puerto Rico no debe quedarse cruzado de brazos y ni siquiera contemplar cómo el mundo cambia sin darnos cuenta.

He tenido la oportunidad de participar en las últimas siete cumbres anuales de la ONU y he interactuado con un sinnúmero de delegaciones de países. En estas cumbres participan actores de todos los sectores de la economía: industria privada, desde la aviación a la energética; sociedad civil, desde organizaciones ambientales hasta cámaras de comercio, y gobiernos nacionales, regionales y locales. Puerto Rico está ausente.

Es importante conectarnos al mundo, no solo para enterarnos de las últimas tecnologías, avances científicos y políticas públicas innovadoras, sino porque también a medida en que avance el nuevo acuerdo, nuevas fuentes de financiamiento se abrirán a nivel mundial, federal y privado. Accederán a estas fuentes quienes estén preparados con un plan, o sea, con un menú de opciones para ser financiadas.

Muchos argumentan que atender el cambio climático entorpecería el tan necesitado desarrollo económico. En la mayoría del mundo esto no es una preocupación y hasta se ve como una oportunidad económica. Pero para esto es necesario crear un plan de acción que sirva para establecer prioridades, conocer cuáles iniciativas se pueden comenzar, cuáles nos cuestan menos, cuáles podemos realizar accediendo fondos federales o iniciativas regionales o filantrópicas.

Pero para hacer esto, tenemos que ir más allá de órdenes ejecutivas que caducan con el cuatrienio y nos dejan informes que después nadie lee.

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