Esteban Pagán Rivera

Prórroga

Por Esteban Pagán Rivera
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No olvidemos nuestra historia deportiva

Hace casi diez años trabajé una historia sobre cómo el legado Roberto Clemente amenazaba con borrarse. En ese entonces, me metí en una final de la Liga Atlética Interuniversitaria y le pregunté a algunos estudiantes sobre Clemente, la figura deportiva más grande de este país.

“Fue un pelotero ilustre de Puerto Rico que murió en un viaje haciendo una caridad por Puerto Rico. A África ¿no era?”, respondió un estudiante, acertando una parte de la respuesta, pero fallando malamente en el destino de la caridad (Nicaragua).

Y así hubo varias respuestas parecidas.

No hay muchos cambios desde entonces. Me he topado con jóvenes estudiantes que tampoco saben información básica sobre Clemente, cuyo nombre adorna dos de las principales instalaciones del país.

Ese desconocimiento también se refleja en otras grandes figuras de nuestro deporte. Desde el pasado mes de febrero, este diario ha publicado semanalmente la serie Leyendas Boricuas del Ring, en el que se reseñan las carreras de las principales glorias del boxeo. Todos los púgiles han tenido sus propias trayectorias, pero comparten algo en común: paralizaron el país para sus peleas y fueron héroes de sus épocas.

Fueron puertorriqueños que unieron la isla. Todos recordamos dónde estábamos cuando Tito Trinidad le ganó a Oscar de la Hoya. Yo no había nacido en 1978, pero los fanáticos del boxeo que lo vivieron nunca olvidarán esa victoria de Wilfredo Gómez sobre Carlos Zárate.

Sin embargo, esas gestas, poco a poco, han quedado engavetadas y no son pasadas de generación en generación. En ese sentido, nuestro proyecto de Leyendas ha funcionado en su rol de educar sobre los logros de los boxeadores.

La generación actual de fanáticos deportivos tiene su momento icónico: la medalla de oro de Mónica Puig en las Olimpiadas de Río 2016.

¿Se imaginan ustedes que de aquí a 20 años los jóvenes no sepan responder quién ganó la primera medalla de oro olímpica de Puerto Rico?

Si no le damos la importancia que merece a nuestra historia deportiva, a eso estamos encaminados. Muchos de nuestros atletas han unido más el país y nos han dado más alegrías que los políticos cuyos nombres se repiten una y otra vez en los salones de clases de nuestras escuelas. ¿Cuándo les daremos esa importancia histórica que merecen? ¿Cuándo les enseñaremos a nuestros niños sobre esos ídolos? Después de todo, nunca está de más un poco de historia positiva, de superación, para motivarlos en el salón de clase.

Hago un llamado a revalorizar nuestra historia deportiva. Incluyamos esas gestas en los currículos, en los salones.

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