Gustavo Vélez

Punto de Vista

Por Gustavo Vélez
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No podemos perder la esperanza

A dos semanas de haber iniciado el período de aislamiento social, posiblemente muchos han comenzado a reflexionar sobre las lecciones creadas por el COVID-19, ese enemigo invisible que amenaza nuestra existencia.

A todos, esta crisis nos tomó de sorpresa. Sin previo aviso, el virus entró a nuestras costas, y a partir de ahí, se encargó de detener el ritmo acelerado de nuestras vidas. Para muchos, esto del COVID-19 era algo abstracto y lejano, aislado en las tierras de China. Para nosotros, siempre rehenes de la miopía insular, nunca llegaría a Puerto Rico.

Pero el COVID-19 llegó y detuvo el reloj de todo un pueblo. El virus nos cambió el calendario, alterando todos los compromisos y proyectos que teníamos. Sin espacio para protestar, el virus nos encerró en nuestros hogares, y nos hizo posponer todo, fiestas, bodas, conciertos, negociaciones financieras, viajes, eventos culturales, reuniones familiares, vacaciones, en fin, todo.

El reloj se detuvo, nuestra vida agitada frenó de momento y nos envió a nuestras casas, para evitar morir ante el enemigo invisible. Para muchos, la crisis nos obligó a hacer un presupuesto y entender el balance entre lo esencial y lo no esencial. De momento, recordamos que llegamos al mundo sin nada, y nos iremos de el sin nada. Pareciera ser que el COVID-19 nos ha obligado a ser humanos.

El virus mortal se ha convertido en el más reciente reto que se une a varias desgracias que hemos vivido durante las pasadas dos décadas.

Dos décadas de retos 

Desde el 2001 hasta hoy, hemos presenciado el ataque terrorista a las Torres Gemelas (9/11), el cierre del gobierno e inicio de la gran depresión puertorriqueña, el colapso financiero del 2008, la quiebra del gobierno en el 2016, y una sindicatura federal, dos huracanes mortales en el 2017, los sismos de enero del 2020 y ahora el COVID-19.

Han sido dos décadas convulsas, intensas y de retos, que posiblemente nos han marcado como sociedad y pueblo. Hemos visto salir de la patria, a 600,000 hermanos que decidieron buscar mejor suerte en otro lugar. También hemos presenciado la quiebra de miles de negocios, y de sueños tronchados por una crisis económica que le puso fronteras al sueño puertorriqueño.

Hemos visto también el colapso de la gobernanza y el deterioro de la clase política, que aún no logra dimensionar ni precisar el alcance de la crisis recurrente en la que estamos. Estamos solos, o mejor dicho, nos tenemos a nosotros mismos, a nadie más.

Las calamidades financieras y naturales experimentadas entre el 2000 y el 2020 convierten a nuestra generación en una histórica, pero nos toca a nosotros decidir cómo construiremos la historia de ahora en adelante.

Derrotaremos al virus y construiremos un mejor futuro

El punto de partida para derrotar al enemigo invisible es el llamado a no perder la esperanza.

Albert Einstein, una delas mentes más privilegiadas que ha tenido la humanidad, lo dijo hace un tiempo atrás, “los momentos de crisis son momentos para darle rienda suelta a nuestra creatividad y es de donde salen las mejores mentes”. "La creatividad nace de la angustia, como el día nace de la noche oscura", agrega Einstein. 

Podemos comenzar asumiendo un liderato dentro del hogar, rescatando la comunicación con nuestra familia y nuestros vecinos. Podemos ser mejores hijos, padres, esposos, convirtiendo cada segundo en el hogar en un momento especial.

Podemos decirle buenos días a ese vecino que nunca saludas, y podemos darle las gracias al empleado del supermercado, que posiblemente lleva días trabajando sin descanso.

Podemos posicionarnos como líderes dentro de nuestra comunidad, en nuestros trabajos, y empresas, para crear la resiliencia necesaria que permita salvar nuestro entorno inmediato.

Podemos comenzar a aportar ideas y soluciones en nuestras empresas, y ser mejores compañeros de trabajo o ser mejores líderes.

Podemos usar las redes sociales para llevar mensajes solidarios y consejos útiles para que la comunidad virtual que está conectada a sus celulares y tabletas pueda nutrirse de buena energía y buenos pensamientos.

Nuestros líderes electos, pueden dejar las peleas estériles y dar paso a un diálogo constructivo, que viabilice las mejores iniciativas sin diferencia de partido o insignia ideológica.

Los profesionales y empresarios, podemos comenzar a articular las ideas y proyectos para transformar nuestras empresas, y ayudar al gobierno a montar las estrategias que le permitan a Puerto Rico, salir lo más rápido de la crisis creada por la pandemia.

Quizás esta pandemia no es otra cosa que un aviso para que comencemos a bajar revoluciones y le demos un respiro al planeta que estamos matando con nuestros hábitos de producción y consumo.

En fin, no podemos perder la esperanza. Debemos buscar dentro de nosotros y traer a la mesa lo mejor que podamos para construir una nueva realidad individual y colectiva. Un mejor hogar, un mejor Puerto Rico y un mejor planeta.

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domingo, 12 de abril de 2020

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