Alberto J. Morales Aponte

Tribuna Invitada

Por Alberto J. Morales Aponte
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No podemos ser cómplices del "bullying"

Durante el semestre escolar 2016-2017, trabajadores sociales del Departamento de Educación mediaron con 1,647 alumnos que estuvieron implicados en sucesos relacionados al “bullying” en los planteles escolares. Estos datos se dieron a relucir en la primera audiencia pública de la Comisión de Educación, Arte y Cultura, del Departamento de Educación. Asimismo, trascendió que, de estos 1,647 casos reportados de acoso escolar, 591 eran acosadores; 575 eran víctimas; 110 observadores y 371 casos se llevaron a cabo a través de “cyberbullying”, datos que son sumamente alarmantes.  También se mencionó que hay un incremento de esta conducta en las escuelas y que 10% de los estudiantes del sistema escolar ha sufrido acoso.

Otros datos, provistos por la Organización Mundial de la Salud (OMS), los cuales son impresionantes, indican que mundialmente alrededor de 600,000 adolescentes cometen suicidio todos los años, estimándose que la mitad de estos casos están relacionados al “bullying”.

Este acoso o “bullying” es una agresión que se lleva a cabo en el escenario escolar, donde uno o varios alumnos victimizan a otro a través de burlas, insultos, agresiones tanto verbales, psicológicas, como físicas. También este acoso podría trascender llevándose a cabo a través de las redes sociales, correos electrónicos y otros medios cibernéticos, por lo que se le denomina “cyberbullying”.

Este tipo de agresión tiene secuelas muy graves en el área emocional de la víctima, las cuales pueden desencadenar en una baja autoestima, coraje, altos niveles de estrés, frustración, efectos psicosomáticos (dolores físicos causados por la tensión emocional), tristeza profunda, aislamiento, bajo aprovechamiento académico, deterioro social e incluso podría terminar en el suicidio u homicidio, como ha ocurrido en diferentes escenarios escolares en Estados Unidos.

El “bullying”, al igual que otras agresiones, debe trabajarse de manera inmediata una vez ocurra, pero debe trabajarse antes, de manera preventiva, a través de talleres educativos, de las artes y de charlas provistas por profesionales capacitados y adiestrados en el tema. Tanto la víctima como el agresor podrían necesitar ayuda psicológica, tanto para trabajar las secuelas emocionales, como para trabajar el manejo de ira. Las instituciones educativas deben comprender la magnitud de este tipo de conducta y no dejar pasar la misma de manera desapercibida, ya que un niño podría verse afectado por el resto de su vida, durante su desarrollo, como en su vida de adulto, afectándole de manera negativa en el área social, laboral y marital, entre otras.

Exhorto y aconsejo tanto a estudiantes, personal docente, padres y cualquier persona que se encuentre al tanto de cualquier tipo de conducta agresiva que se esté llevando a cabo en contra de un estudiante, a reportar la misma al director escolar, al trabajador social, al consejero o psicólogo de dicha institución, para que se tomen medidas inmediatas, ya que la vida de una persona puede verse afectada grandemente. Es crucial que el “bullying” no pase desapercibido y no seamos cómplices del mismo al “cubrirnos los ojos”, ignorando dicha situación. Todo en la vida tiene solución, pero se debe actuar a tiempo y buscar la ayuda pertinente a través de un profesional de la conducta, de ser necesario. 

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