Sonia Valentín

Tribuna Invitada

Por Sonia Valentín
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Nos levantaremos y lo contaremos

A medida que los boletines avanzaban, la peor pesadilla atmosférica que las presentes generaciones hubiesen conocido se hacía realidad. La llegada del huracán María nos traería un reto inimaginable en todo el sentido de la palabra.

Pasadas ya varias horas la conclusión es una sola: la destrucción total de un país que ya se debatía, herido de muerte en su economía y ahora colapsaba de golpe y porrazo.

No es momento de cuestionar si perdimos la bendición de la que tanto presumieron muchos por años para justificar que luego de Georges ningún fenómeno atmosférico nos hubiera azotado. Tampoco es tiempo de nuevas teorías. Lo único que demanda el reloj es la acción contundente, la respuesta asertiva, la prudencia en la crisis y la capacidad de ser solidarios como nunca antes lo hemos sido.

Conmueve en nuestra fibra humana la respuesta inmediata de la diáspora, que se lo ha sufrido en la agonía de las horas como si hubieran estado aquí. Es que sabemos que a esta isla se ama como pocos entienden y cuando algo así sucede, ese amor es dolorosamente real. Conmueve también escuchar las voces de nuestros grandes exponentes de la música, de los artistas que acostumbran visitarnos, levantando su voz y sus planes para ayudarnos a levantarnos. Todos sabemos que lo haremos. De eso que no quepa duda alguna.

Pero, mientras toda esta vorágine de emociones tiene lugar, el comentario soslayado del presidente de la Junta de Control Fiscal cae como un balde de agua fría, recordándonos que la tragedia no borrará del mapa nuestra situación fiscal. Promete intentar aliviar algunas de las medidas de austeridad. Lo que no sabemos es si ese “alivio” será suficiente para contener la hemorragia de estos golpes.

Lo cierto es que el puertorriqueño que está en la calle, machete en mano, cortando árboles para abrir paso, no piensa en eso. Tampoco los que se han tirado encima la maratónica tarea de ayudar a desalojar a otros, en peores condiciones. María nos ha hecho olvidar por muchas horas que la chequera está en rojo, quizás porque nada nos parece peor de lo que está.

Este dolor es compartido. Todos lo estamos viviendo de una manera u otra. Conocemos muchas historias y otras se irán conociendo con el paso del tiempo. Todas sobrevivirán las generaciones y serán contadas una y otra vez, como las horas más largas de nuestras vidas, en la agonía del castigo de un viento que nos volvía locos, mientras veíamos destruirse lo que tanto trabajo nos ha costado levantar. Muchos contarán cómo vimos nuestros meteorólogos desplomarse, al saber con conciencia lo que nos esperaba. Dirán que vivimos en carne propia lo que nuestros abuelos tantas veces nos contaron.  

Yo espero que también puedan decir que nos dolió enormemente, pero cuando nos levantamos lo hicimos como el pueblo guerrero que somos y fuimos mucho más fuertes que nunca.

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