Marcia Rivera

Tribuna Invitada

Por Marcia Rivera
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¿Nos merecemos esto?

Otra vez el sobresalto al despertar y ver las noticias de la madrugada. Altos funcionarios gubernamentales y empresariales esposados por robarle a quienes deben servir. Otra vez, sentir rabia y vergüenza por vivir en un país cuya clase política abusa consistentemente de nuestra gente buena, trabajadora, creativa y solidaria. Otra vez, la angustia que genera saber que se puede vivir de otra manera si vencemos los miedos, los atavismos y si nos ponemos de acuerdo en asuntos fundamentales. Es momento de disponernos a refundar el país, destronando a los falsos líderes que nos han gobernado robando, mancillando reputaciones de quienes los denuncian, demonizando la protesta y acunando la complicidad de muchos. 

Muchas personas seguramente piensan que nos merecemos el desprestigio mundial que se genera con cada arresto de funcionarios públicos por ser débiles y pasivos ante la corrupción y el descalabro ético, socioeconómico e institucional que ha generado la partidocracia gobernante del último medio siglo. Pero pensemos un momento en cómo nos han inducido a tolerar la ineptitud y a hacernos de la vista larga frente a la corrupción política dual que se practica. Por un lado, con quienes tienen recursos para aportar a las campañas. A esos les ofrecen contratos o favores a cambio de donativos.  Por otro lado, a las empobrecidas masas cuyas conciencias han buscado comprar con migajas -un trabajito aquí o allá; una foto con un líder para que la muestre a sus amistades; una ayudita para enfermos o discapacitados… La partidocracia ha desvirtuado la esencia de la política; ha hecho de la política un algo despreciable. Nunca ha buscado educar a la población para que reconozca y ejerza sus derechos; nunca ha reiterado el deber de fiscalización que tiene la ciudadanía para asegurar el bien público; nunca ha legislado para afirmar la participación ciudadana que da sustancia a la democracia y al desarrollo de la conciencia. Nuestra persistente corrupción no es debida a unas pocas papas podridas, sino a un sistema político-electoral podrido desde hace muchos años.  Llegó el momento de cambiarlo.

No nos merecemos esto. Tenemos que refundar la política en su mejor sentido; como un espacio de encuentro, debate y concertación de las mejores prácticas de gobierno. Y con la mejor gente que tenemos.  Nuestros cuadros más capaces miran con razonado escepticismo el asumir responsabilidad en la gestión pública y meterse en un proceso partidista. Hay que quebrar el mito de que la política siempre es sucia; la ensucian quienes la han desvirtuado. Tenemos que enterrar ese mito como nuestros taínos hicieron con Salcedo. Es momento de activar nuestro enorme acervo de talentos y capacidades en todos los ámbitos y de gestar una nueva forma de hacer política por vía del debate serio de ideas, de la capacidad profesional para instrumentarlas y del compromiso con el bien común. Atrás debe quedar la frivolidad, elsimplismo, el clientelismo y la irresponsabilidad que nos han llevado a este desastre. 

No merecemos ser la burla del mundo porque un pequeño grupo de políticos imberbes no hayan sabido dirigir la sinfónica que debe ser un buen gobierno.  Tampoco merecemos seguir siendo colonia de un poder que ha sido cómplice o mal fiscalizador de lo que sus súbditos hacen. En todo el entramado de corrupción gubernamental de Puerto Rico ha habido fondos federales de por medio, que no fueron debidamente monitoreados y evaluados.  Los “federales” también se han hecho de la vista larga, seguramente porque les valida la noción de que los puertorriqueños no sabemos gobernarnos y que sin ellos no seríamos nada.  Es por ello que considero imprescindible establecer una Comisión Ciudadana de Justicia y Verdad que pueda rendir un informe independiente de las ramificaciones de la corrupción en Puerto Rico. Lo necesitamos como zapata de nuestro porvenir. 

El pueblo de Puerto Rico merece darse a sí mismo la oportunidad de organizar un gobierno limpio, atender con prioridades bien claras sus necesidades colectivas urgentes y poner en marcha un acuerdo multisectorial que permita atender la cuestión colonial y refundarnos como sociedad. La trivialidad que reflejan los mensajes cruzados en las conversaciones electrónicas del gobernador Rosselló con su equipo de gobierno y los arrestos realizados hoy por el FBI muestran que tenemos un gobierno colapsado y que las tres ramas de gobierno -supuestos pilares del sistema democrático- están quebrados y en pugna entre sí. En dichas condiciones es de esperar que el gobierno federal afirme aún más su poder sobre Puerto Rico, lo que complicará aún más nuestra condición colonial.  Se impone sentar una base de verdad y justicia para poder encaminar nuestro futuro.

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