Rafael Román Meléndez

Punto de vista

Por Rafael Román Meléndez
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Nos quedamos cortos en Educación

Los acontecimientos recientes con relación al Departamento de Educación de Puerto Rico (DEPR) evidencian una vez más la importancia de trabajar, como se propuso hace unos años y respaldamos, un proyecto decenal para la educación del país. El Departamento de Educación no puede seguir siendo rehén de los continuos cambios que se producen cada cuatro años y que causan efectos directos en la falta de confianza del gobierno federal hacia Puerto Rico.  

La cronología histórica es irrefutable. Ha tomado décadas a todas las administraciones gubernamentales trabajar en vías de propiciar cambios que condujeran al restablecimiento de la confianza en la administración del DEPR tras la trágica historia de los años 1994-2000 y sus resultados. Fueron necesarias múltiples gestiones bajo el liderazgo del Dr. César Rey y su equipo, respaldado por la entonces gobernadora Sila Calderón, para lograr la firma del primer Memorando de Cumplimiento con prácticas acordes con los requerimientos federales para reestablecer el uso de los fondos federales en la agencia. 

Bajo la administración del Dr. Rafael Aragunde (2005-2008), se establecieron iniciativas de cambios administrativos fundamentales para afianzar y evidenciar el cumplimiento de esos acuerdos y se firmó un importante segundo Memorando de Cumplimiento. Se implementaron importantes reformas administrativas y tecnológicas, como el Sistema de Información Estudiantil (SIE), el Sistema para medir Tiempo, Asistencia y Licencias (TAL) y el Sistema de Información Financiera (SIFDE).  Estos sistemas culminaron con la era en el DEPR del papel, el lápiz y los palitos para contabilizar estudiantes, asistencia de maestros y las finanzas de la institución educativa. 

Las administraciones subsiguientes continuaron iniciativas importantes, con altas y bajas, con buenas intenciones, pero aun así se quedaron cortos. En el 2013, luego de una reunión en Washington, entre el gobernador Alejandro García Padilla y el secretario federal Arne Duncan, se lograron establecer compromisos importantes en un ambicioso plan de trabajo para cumplir con los requerimientos federales tanto académicos como fiscales. Recibimos la aprobación del Plan de Flexibilidad en el 2013, su reaprobación en el 2014 y la última aprobación del plan en el 2015 se nos aprobó por tres años sin condiciones. 

Nuestra aportación en esos años se fundamentó en el fortalecimiento y diversificación de la cultura y política académica, así como una amplia reorganización de los niveles escolares, un nuevo diseño gerencial, cambios curriculares, diversificación en la oferta académica y de evaluación.  

En el área de educación especial también hubo avances importantes, tanto en el plano federal como en el estatal. No obstante, las gestiones no fueron suficientes. En estos pasados 20 años, el denominador común siempre ha sido la falta de compromisocon la visión y continuidad a largo plazo.

El contexto actual nos requiere de nuevo un esfuerzo multisectorial y no partidista, que reconozca que hay que buscar soluciones a largo plazo que tengan continuidad en su implementación, independientemente de los vaivenes de las diferentes administraciones. La situación actual no puede verse solo desde la óptica de la operación estructural, sino del efecto devastador en todos los servicios directos al estudiante. La lección puede ser dura, pero tenemos que asumirla. 


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