Ana María García Blanco

Punto de Vista

Por Ana María García Blanco
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Nos tenemos, en un tiempo sin escuelas

La educación de nuestro pueblo enfrenta un nuevo, y profundamente difícil reto. Miles de niños y jóvenes puertorriqueños, al igual que en muchas otras partes del mundo, están en sus casas, reciben tareas y “módulos” y continúan su escuela en un tiempo sin escuela. Maestras y maestros, héroes silentes de este tiempo, “llegan” a los hogares de sus estudiantes a través de las redes y llamadas y se convierten en voz de aliento, de orden y posibilidad. Es una forma de acompañarnos, de tenernos, de apostar a que vendrán tiempos buenos.  

¿Qué estamos haciendo en la comunidad de escuelas públicas Montessori? En tiempos extremos, “regresamos a casa” decía mi abuela. Regresamos a la mesa humana, al plan sencillo, a los “lazos” que nos sostienen. Regresamos a las estructuras y metodologías de trabajo que dan orden y paz.   

Maestras/os y asistentes se organizan prontamente para llevar “Montessori a la casa”.  Ponen en función tres estructuras que se dan periódicamente en sus escuelas: diálogo con la dirección, “encuentro” entre guías (maestras) y asistentes que trabajan con el mismo nivel de desarrollo, y encuentros con las familias de sus estudiantes.   

En estas mesas se organiza el trabajo académico y el trabajo de aliento, se evalúa el trabajo previo, se conversa sobre cada uno de los niños y se trazan planes para que todos tengan éxito. En estos “encuentros” se recogen iniciativas, se comparten herramientas y “presentaciones” (Google teach) –una maestra que preparara una lección y la graba para sus niños, la comparte con las otras. Se evalúan tres cosas: ¿cómo está la maestra/o y la asistente? ¿los niños? ¿los padres y madres? ¿Qué podemos hacer para que esta nueva realidad sea más llevadera para todos?

La meta es que nadie se sienta “solo” frente a la tarea difícil de llevar la escuela a la casa. Se activa la red existente, la familia de escuelas: 50 directores, de 20 en 20 llegan a sus 600 guías y 227 asistentes, estas a su vez, cada una llega a 20-25 familias… es una telaraña de relaciones saludables, de lazos fuertes que sostiene esta escuela que se da en cualquier lugar del mundo en que nos encontramos. 

¿Qué tenemos?  Nos tenemos y a los maestros que trabajan en equipo. Otro recurso esencial son los niños y jóvenes acostumbrados a seguir sus agendas y a ser independientes, intrínsecamente motivadas. Un grupo de familias profundamente comprometidas con la educación de sus hijos, que conoce la metodología y el trabajo que usan sus hijos en la escuela es la otra riqueza de este tiempo. 

Un gran currículo que toma vida allí donde está el niño también nos acompaña. El trabajo curricular, que se va generando desde la mesa de la guía o maestra, pone a la tecnología al servicio de una educación completa y no a la inversa. Una Secretaria Auxiliar de Educación Montessori que acompaña a los directores día y noche en su tarea ardua de dirigir un barco desde el puerto, es el otro componente esencial de los recursos a nuestra disposición. El acceso a un gran currículo y grandes recursos (en internet) que lo complementan (materiales Montessori digitales, portales de los grandes museos, parques nacionales, la NASA, Ciencia Boricua, literatura, cine, teatro, yoga…) es algo indispensable también en este momento de reto. Sabemos hacer estructuras y rutinas. No comenzamos de cero. 

Nada sustituye a esa maestra que recibe al niño todas las mañanas en la puerta con un abrazo, con un apretón de manos que habla del amor profundo que se tiene. Nada es mejor esa reunión de comunidad a la que llegan cientos de jóvenes de nuestras escuelas. Aun así, ante este desafío actual, nos damos un abrazo virtual extendido y proseguiremos con la educación de excelencia Montessori de la que todos somos parte, por ahora en casa. 

Tenemos días difíciles, muy difíciles. Pero esta telaraña fuerte que se ha construido nos está ayudando mucho a tener fe y seguir navegando. 


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martes, 17 de marzo de 2020

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