Ibrahim Pérez

Tribuna Invitada

Por Ibrahim Pérez
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Nuestra creciente pobreza infantil

Desde 2006, he revisado los informes anuales Kids Count de la prestigiosa Fundación Annie E. Casey sobre el perfil de la población infantil (18 años o menores) en Estados Unidos y Puerto Rico. Desafortunadamente, ocupamos posiciones peores que los 50 estados en determinantes indicadores sobre salud y bienestar socio-económico estudiados.

En los datos de 2015, publicados en el último informe de 2017, seguimos rezagados en comparación al peor estado: porcentaje de niños que viven bajo el nivel de pobreza-Puerto Rico 58%, Mississippi 31%; porcentaje de niños que viven con solo uno de sus padres-Puerto Rico 59%, Mississippi 48%; porcentaje de niños con ningún padre permanentemente empleado-Puerto Rico 57%, Mississippi 37%; porcentaje de niños entre 16 y 19 años que ni van a la escuela, ni trabajan-Puerto Rico 11%, Mississippi 10%.

Ese paupérrimo perfil de nuestra niñez ha sido constante desde 2006. Y como si eso no fuese suficientemente preocupante, el huracán María de septiembre 2017 ha provocado un incremento todavía no cuantificado en nuestra pobreza infantil y en la emigración de miles de familias con niños. Ha creado, además, nuevas barreras al desarrollo de nuestra juventud.

Previo a María, Puerto Rico ya había perdido casi una tercera parte de su población infantil entre 2007 y 2016, como resultado de la crisis económica y la baja en la tasa de nacimientos. Esa reducción poblacional de sobre 300,000 niños (de un millón a 700,000) representa un significativo drenaje de capital humano que no tendremos disponible para contribuir a nuestro futuro desarrollo económico. Y no se descarta que la ola migratoria de familias con niños persista, y que la pobreza infantil promedio pos María haya ascendido a 65%-70%, especialmente en la región montañosa rural y en la región costera sureste donde antes de María había 12 municipios con una pobreza infantil de sobre 70%.

En el plan de recuperación de Puerto Rico no puede quedar fuera una estrategia para nuestra población infantil. Si no sacamos a nuestros niños y a sus padres de la pobreza en que hoy viven, nuestros jóvenes tendrán menos posibilidades de obtener una buena educación que les abra oportunidades. Tampoco podrán ser parte de una fuerza laboral futura capacitada, que rejuvenezca y vigorice la economía del país. Si los niños de hoy van a ser nuestro futuro, tenemos que proveerle las herramientas que faciliten su desarrollo en adultos productivos, en nuevos líderes.

Puerto Rico cuenta desde 2013 con el Instituto del Desarrollo de la Juventud (IDJ) www.juventudpr.org, una organización sin fines de lucro que ha estado preparando un plan estratégico abarcador para cambiar políticas públicas y reenfocar la inversión económica hacia programas y servicios indispensables para nuestra niñez, hoy dispersos en múltiples agencias estatales, pero sin coordinación efectiva que provea buen acceso a oportunidades de mejoramiento para niños y padres en pobreza.

El Instituto del Desarrollo de la Juventud también ha preparado un ambicioso Presupuesto de la Niñez dirigido por el economista José Caraballo Cueto, del Centro de Estudios Interdisciplinarios de la Universidad de Puerto Rico en Cayey, el cual identifica y analiza programas e inversiones vigentes, y brinda recomendaciones para que nuestra niñez pueda superar la pobreza y aportar a nuestro progreso socio-económico.

Tenemos que convertir a la niñez puertorriqueña en nuestra mayor prioridad, e incluirlos preferentemente en un proyecto de país fuera de líneas partidistas. Ayudemos al Instituto del Desarrollo de la Juventud a establecer y hacer cumplir un plan que transforme a nuestra población infantil, de una costosa y pesada carga socio-económica en un poderoso activo hacia la construcción de un moderno y maravilloso Puerto Rico.

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