Ramón Cruz

Tribuna Invitada

Por Ramón Cruz
💬 0

Nuestra deplorable agua potable

El reciente informe “Amenaza a domicilio” del “Natural Resources Defense Council”, la Asociación Nacional de Derecho Ambiental y El Puente, declara que el 99.5% de la población de Puerto Rico se abastece de sistemas de agua potable que violaron estándares federales de contaminantes como bacterias coliformes y compuestos orgánicos volátiles. 

Si bien es casi imposible no encontrar el contenido de este informe preocupante, me resultan alarmante las declaraciones que hiciera el nuevo presidente ejecutivo de la AAA, Eli Diaz Atienza, a Prensa Asociada y que publicó The New York Times el pasado miércoles.  Él declaró que actualmente no hay plomo en el  agua, que las violaciones de ciertos contaminantes ocurrieron bajo administraciones previas y que “ahora mismo entiende que no hay amenaza a la salud pública de Puerto Rico”.

Aunque entiendo que es posible que el funcionario no quiera abonar innecesariamente a la alarma terrorífica que el informe pueda causar en la población, me preocupan grandemente estas declaraciones, viniendo de quien está a cargo de velar por este recurso tan importante. El plomo en el agua es algo bastante serio y la data demuestra que tan reciente como hace un año atrás hubo al menos un evento en uno de los sistemas en que se excedió el parámetro de plomo de la Agencia de Protección Ambiental en el agua de 15 partes por billón.  Y este es tan solo un evento en que hubo muestreo, pero una crítica importante del informe es precisamente que no hay suficiente muestreo como para tener certeza de que contaminantes están en nuestra agua potable. 

Resaltar que las violaciones sucedieron en administraciones pasadas es desentenderse de un problema complejo que nos toca a todos y que es difícil otorgar culpa específicamente a alguien. Las organizaciones que hicieron el informe tienen un prestigio local, nacional e internacional.  El informe debería ser un “wake up call” para todos.  Aunque no estemos en la situación crítica en que se encontró Flint, Michigan hace unos años, tenemos una infraestructura enferma a la que urgen reparaciones y mantenimiento.

Si bien es cierto que el informe contiene generalidades y ambigüedades, su contenido está basado en estadísticas concretas que apunta a que estamos en una situación de crisis.  Muchos de los contaminantes no van a afectar porque tomemos “agua de la pluma” unas cuantas veces.  No es que vayamos a estar condenados a alguna enfermedad o condición perpetua, pero estar en contacto con estos contaminantes, sobre todo en las poblaciones más sensibles como los infantes por un periodo extendido de tiempo, puede tener efectos negativos a la salud. 

Entonces pretender que todo anda bien es inverosímil; sobre todo cuando la tendencia del Gobierno actual, da la impresión, tanto en Puerto Rico como en Estados Unidos, es coartar la transparencia.  Hubiese sido más sensato que en vezde estar a la defensiva, el presidente ejecutivo reconociera que estamos en una situación crítica y que tanto ellos como las agencias reguladores pertinentes (en este caso el Departamento de Salud), asumieran la responsabilidad de informar cómo van a monitorear el problema, que planes hay, con los escasos recursos con que contamos, de mejorar el sistema y que tipo de protección puede utilizar la población para mejorar la calidad de agua – como por ejemplo, el uso de filtros individuales tipo “Brita” o “Zero Water”. 

El hecho de que tengamos una infraestructura en tan pésima condición que ha estado a cargo por una agencia que estuvo privatizada y que también ha abonado a la deuda, es una razón más para abogar por una auditoria de la misma.  Nos urge saber qué pasó con esta infraestructura, para qué se utilizaron los bonos emitidos ¿acaso fue para gastos operacionales en vez de para la multitud de inversiones capitales que se necesitan?

Sería positivo utilizar la coyuntura de este informe y de la involucración de organizaciones del prestigio de NRDC para que, como entidades que no están envueltas en la cotidianidad de nuestras divisiones políticas, nos ayuden a facilitar un diálogo multisectorial entre asociaciones de expertos, el Gobierno, gremios laborales y organizaciones comunitarias que apunte a buscar soluciones ante esta crisis.  En muchos otros lugares, este tipo de crisis se utiliza para mejorar la infraestructura y puede ser también un motor para ofrecer trabajos que tanto necesitamos actualmente en Puerto Rico.  

Por último, no puedo dejar pasar la oportunidad que nos brinda este “wake up call” para llamar la atención a la protección ambiental.  El crítico estado del agua que bebemos, no solo se relaciona a las tuberías viejas y a las plantas de tratamiento sin mantenimiento, sino es también un reflejo de los embalses y los impactos ambientales alrededor de los mismos, por ejemplo, los desagües ilegales o el desarrollo desmedido.  ¿Cuánta “agua coliformada” nos tendremos que tomar antes de darnos cuenta que seguimos cometiendo los mismos errores y siguiendo modelos de desarrollo que no funcionan?

Otras columnas de Ramón Cruz

jueves, 20 de septiembre de 2018

A caminar por un futuro limpio en Puerto Rico

El ambientalista Ramón Cruz declara que Puerto Rico carece de un plan de acción para mitigar sus emisiones y de adaptación ante el cambio climático

miércoles, 27 de junio de 2018

La herencia de malas mañas

El ambientalista Ramón Cruz cuestiona acciones del gobierno en contra de la conservación de los recursos naturales del país y reclama dejar malas prácticas del pasado como recién expone en su discurso el gobernador

💬Ver 0 comentarios