Charlie Hernández

Tribuna Invitada

Por Charlie Hernández
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Nuestra gente en la penumbra

 Cientos de miles de nuestros hermanos puertorriqueños viven en la penumbra. Parecen invisibles y cuando los ven son ignorados, discriminados, maltratados, incomprendidos.  Me refiero a los puertorriqueños con algún tipo de limitación física o mental. Para ellos, parece haber otro país.

 Recientemente, el gobierno anunció la reducción de millones de dólares al presupuesto del programa de educación especial. Con el mismo se atiende a miles de jóvenes con limitaciones diversas y que además carecen de los recursos económicos para buscar alternativas privadas para recibir los tratamientos especializados que necesitan. De un plumazo insensible eliminan servicios a niños pobres con Syndrome Down, Autismo en todas sus modalidades y otras tantas condiciones. Este ataque se suma al cierre de escuelas que atendían niños de educación especial sin considerar los problemas de adaptación y ajuste que crearían al trastocarles la rutina académica. Para el gobierno, como para miles de ciudadanos, estos jovencitos son invisibles, viven en la penumbra.

 Tristemente, hay que reconocer que en Puerto Rico hay muy pocos servicios para esta población tan vulnerable. El problema es peor cuando el joven sale de su nucleo escolar y se enfrenta a una sociedad indiferente, inpaciente, intolerante e insensible.  Los familiares o cuidadores, para protegerlos de una cultura hostil, en ocasiones deciden aislarlos para evitarles sufrimientos. Ello agrava el problema pues les dificultan el proceso de dar las herramientas mínimas para la vida independiente que los prepare para el futuro sin la presencia de sus padres. No hay mayor angustia para un padre o una madre que la incertidumbre sobre el futuro de un hijo con impedimentos tras su ausencia terrenal. ¿Quién lo(a) cuidará?, ¿qué será de mi niño(a)?

Recientemente, mi esposa y yo nos unimos a un esfuerzo voluntario para aportar nuestro tiempo, recursos y energías para ayudar a nuestros jóvenes más necesitados. De la mano de la Asociación Mayagüezana de Personas con Impedimentos y del AutentiCorillo (para adolescentes con Autismo), ayudamos a encaminarlos a la vida independiente. Hoy aprenden a cocinar, mañana a hacer la compra, luego manualidades, a usar una computadora y así, poco a poco, van tomando control de sus vidas. A mis lectores les pido una mayor sensibilidad y comprensión hacia esta población desprotegida; todos tenemos uno cerca.  Fracasamos como sociedad mientras mantengamos el patrón de indiferencia hacia nuestros hermanos más vulnerables. Sería maravilloso tener la ayuda de todos en este esfuerzo. Mientras, una sonrisa y un gesto de amor sería un buen comienzo.


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