Sila María Calderón

Punto de vista

Por Sila María Calderón
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Nuestro eterno secretario de Salud

No conocía al doctor Johnny Rullán cuando me lo mencionaron como candidato a Secretario de Salud, luego de mi elección como gobernadora. Me explicaron que era un experto en epidemiología y un magnífico ser humano. Ni se me ocurrió preguntar por su afiliación política porque ello no era condición en los reclutamientos que estaba llevando a cabo. Deseaba tener el mejor gabinete posible.

Luego de las debidas investigaciones, procedí con su nombramiento. Me tomó un tiempo acoplarme a este gran hombre porque no lo entendía bien. Entonces me dijeron que Johnny era un “gusto adquirido”. Él estuvo de acuerdo con esa definición. Y así procedimos a hacer los ajustes para comunicarnos mejor. De ahí en adelante, todo fue miel sobre hojuelas y pude comprobar cuán acertado fue su nombramiento. Incluso cuando teníamos diferencias, en el rostro de Johnny Rullán siempre había una sonrisa. 

¡Qué hombre tan multifacético! ¡Qué médico tan sensible! Aún cuando le pedí que usara bata de médico para sus exposiciones públicas, lo hizo, y con gusto.

Tal como decía el secretario de la gobernación, licenciado César Miranda, “cuando uno pensaba que había concluido una reunión con Johnny, te percatabas que las reuniones con él nunca terminaban, pues te seguía por los pasillos con sus pedidos y predicamentos hasta lograr el recurso que necesitaba para el servicio que también quería. Luego se reía, con la travesura y la alegría de un niño.  Entonces se iba satisfecho a su amado Departamento de Salud… y trabajaba y trabajaba... de día y de noche. Y los fines de semana, ni se diga. Los dedicaba a dar marchas por San Juan para la promoción de su proyecto predilecto “Salud Recomienda”. 

La pasión de Johnny Rullán siempre fue la prevención. Nos comentaba que era mucho más fácil, y más económico, el mantener un pueblo sano, que el tener que sanar a un pueblo enfermo. ¡Y qué razón tenía! En el transcurso del tiempo muchos países han adoptado campañas de prevención en el área de salud, apoyadas en ideas similares a las que hace dos décadas nos anunciaba nuestro querido Secretario de Salud. 

Servir al país ciertamente es una vocación que no solamente se descarga a través de un puesto gubernamental.  Así Johnny Rullán sirvió toda la vida, dentro y fuera del gobierno. Amaba su profesión con una intensidad única. La vivía día a día. Y se entregaba completo a sanar y a prevenir enfermedades.  

Nos deja un vacío inmenso y muy difícil de llenar. Su alegría y sus exuberancias son inolvidables. Se nos ha ido nuestro compañero de trabajo, nuestro amigo y nuestro co-conspirador en proyectos buenos para nuestra amada Isla.  

Nunca te olvidaremos, querido Johnny. Vivirás siempre en las memorias de los miles de puertorriqueños y puertorriqueñas que serviste con amabilidad y entrega. Y nosotros, los que trabajamos junto a ti, te llevaremos siempre en nuestros corazones. ¡Descansa en paz, compatriota!

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