Manuel Cidre

Punto de vista

Por Manuel Cidre
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Nuestro mejor y peor momento como país

Puerto Rico atraviesa su peor momento y se encuentra en su mejor momento. No, no me volví loco. Todo está en qué nos proponemos hacer con nuestro presente y futuro.

Son múltiples los retos que tenemos como territorio, entre estos una quiebra y reestructuración de la deuda no encaminada; fondos federales reducidos y aguantados por un presidente que no se conformó con la cogida de tontejos que le dio a desarrolladores locales con el proyecto en Río Grande; y que la institucionalizada corrupción en la isla le ha servido de excusa válida. También la orden seca del secretario del Tesoro Federal sobre la eliminación del 4% a las compañías foráneas, que, a propósito, representa el 30% del presupuesto de Puerto Rico. 

A esto le sumamos una ley, de la manga production, para no intervenir en las peleas de gallos sin explicarles a los galleros las consecuencias de violentar la ley federal. Por otro lado, existe un serio problema con el sector ganadero, la primera industria agrícola del país y hay además un fuego que, por peleas partidistas, lleva dos semanas afectando la salud de miles de residentes. 

A todos estos retos hay que añadir la ausencia de un plan de desarrollo económico que garantice las oportunidades y logre detener la imparable emigración, así como un porciento bajo de natalidad que nos encamina a ser una sociedad de viejos. Tenemos un número alarmante de perros, gatos y caballos abandonados y realengos, y una desigualdad y pobreza que crecen como la espuma, entre muchas otras cosas.

Esta lista más parece una agenda de trabajo y lo correcto sería poder ver las estrategias, tácticas y métricas del gobierno para las mismas.

Sin embargo, lo que vemos y escuchamos no guarda relación con nuestra realidad. Todo lo que oímos es sobre la candidatura de Wanda Vázquez; que si la maquinaria de Thomas Rivera Schatz la apoya o no; a quién endosa o no tal candidato; y quién renuncia al gabinete, entre otros banales asuntos, mensajes de campaña de corte populista carentes de cómo lo van a hacer. En fin, oímos todo menos qué harán para atender los retos y las necesidades del pueblo. 

Por otro lado, el sector privado, que debería dirigir la agenda de desarrollo económico de Puerto Rico, como sucede en todos los países progresistas y desarrollados, coquí, coquí, bien gracias.

El verano pasado marchamos y mostramos nuestra indignación. El chat logró unirnos. Sin embargo, la corrupción, el despilfarro de fondos, la inacción ante temas apremiantes, las condiciones de las escuelas, la situación de la UPR, el tema de salud, la seguridad, la educación, la falta de oportunidades, la migración, las condiciones en que viven nuestros adultos mayores, entre muchos asuntos, los toleramos como si no fueran relevantes.

El pueblo es quien manda y hoy más que nunca tenemos que apoderarnos y ser responsables de nuestro presente y futuro. Tenemos que exigir propuestas con sustancia, en las que digan qué van a hacer y cómo lo van a hacer. Puerto Rico no necesita más estribillos populistas que solo persiguen confundir en vez de resolver.

El mundo nos observa. No permitamos que unos pocos nos desprestigien y nos obliguen a abandonar la tierra que nos vio nacer. Pero, ojo con aquellos pescadores que van al río porque hay pesca segura y no necesariamente porque tienen hambre y necesidad de alimentar a su familia.

En palabras sencillas, continuamos retando la definición de locura, esperando resultados distintos haciendo lo mismo que nos trajo hasta aquí.

Como señalé al principio, estamos en nuestro mejor momento y en nuestro peor momento. En nuestras manos está iniciar la transformación de país que todos anhelamos. Es nuestra responsabilidad decidir qué queremos hacer con nuestro presente, con nuestro futuro. Pero si vamos a permanecer en las gradas, sin hacer nada, no nos lamentemos.

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