Paul E. González

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Por Paul E. González
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Nuestro problema no es Promesa

Aunque no sea romántico escribir estas palabras, tenemos que aceptar que Promesa es totalmente necesaria. Esa ley, que se ha convertido en sinónimo de nuestra isla, es la protección contra los bonistas y surge de las acciones y decisiones que tomamos como país en las últimas décadas.

Hoy sectores del pueblo marchan por un Puerto Rico más equitativo, justo y sin la Promesa que nos impusieron los americanos. Los sectores afectados por la ley, la Junta y el gobierno finalmente rechazan juntos sus consecuencias a corto y largo plazo.

Sin embargo, el verdadero problema del país no es la ley Promesa. El problema han sido las falsas promesas que los líderes políticos nos vendieron y continúan vendiendo cada cuatro años. Nos prometieron cambios, reformas y hacer las cosas como se debe. Y, sin mucho ton ni son, las han roto con su cara de lechuga y los bolsillos llenos. Cada uno de estos paladines, rojos y azules, han llenado de esperanzas vacías y sueños irreales nuestro diario vivir.

La marcha de este primero de mayo debe llevar a mucha reflexión. Sí es cierto que nos cierran escuelas, les bajan las pensiones a nuestros padres y abuelos, nos suben los impuestos y le venden las corporaciones públicas al mejor postor. Pero la realidad es que permitimos con nuestro voto que administración tras administración jugaran y despilfarraran nuestros fondos. Nunca hicimos nada, simplemente los premiábamos con nuestra dejadez y con un voto a favor.

En vez de dirigir nuestros esfuerzos hacia las consecuencias de hoy, tenemos que señalar a los causantes. La lucha debe concentrarse en responsabilizar a los partidos políticos y las figuras políticas, particularmente en el Capitolio.

Hay que cuestionar a las administraciones de gobierno por los miles de millones de dólares que tomaron prestados y se hicieron sal y agua, así como por el destino de los fondos ARRA; decisiones presupuestarias como la de este Senado de abrir una oficina innecesaria en Washington con costo al pueblo; al despilfarro de dinero mediante el cambio de insignias, logos, fotos y demás particularidades que “apestan” a la administración anterior; al mantengo corporativo que ha dejado sin aire a tantas agencias; y las uniones que no han sido flexibles con los cambios ni las realidades de sus corporaciones públicas.

La única promesa de un mejor Puerto Rico para todos en este momento es unirnos, marchar y luchar… pero en contra de los verdaderos causantes de Promesa.

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