Lisandra Maldonado Rivera

Tribuna Invitada

Por Lisandra Maldonado Rivera
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Nuestros niños: la generación de María

El huracán María ha cambiado la manera en que vivimos en Puerto Rico. Todos los aspectos de la vida de nuestra gente han sido alterados. Nuestros niños no son la excepción. Muchos estudiantes llevan más de un mes sin tomar clases y la mayoría no retomará sus estudios hasta mediados de noviembre. Esto representa un gran reto para los padres y el Estado.

En los días inmediatamente después del paso de María, se convirtió en una rutina ver a muchos padres llevando a sus hijos a los trabajos porque sencillamente no había cuidos disponibles y tanto el sistema público, como el privado de enseñanza estaban en un “hold” casi permanente. Esa realidad los niños y jóvenes nunca la habían experimentado en Puerto Rico. El ultimo huracán que azotó a nuestra isla fue Georges en 1998, una generación atrás.

Muchos de los padres de hoy eran jóvenes entonces y su experiencia, aunque similar en algunos aspectos, jamás se compara con esta. María fue un “game changer”. Las cosas en Puerto Rico no volverán hacer iguales por algún tiempo, porque esto pasará. Pronto nuestra isla volverá hacer la misma, por eso tenemos que recalcarles a nuestros niños que este momento es de transición.

Los niños tienen que saber lo que pasó en Puerto Rico. Es importante hablarle sobre las realidades que dejó la tormenta y las increíbles acciones que hacen sus padres para establecer cierto tipo de normalidad. Esa normalidad cada día se ve más cerca. Las escuelas privadas comenzaron clases hace ya algunas semanas, aunque sea en horario especial. Mientras que la semana pasada se reinició el semestre en varias escuelas del sistema público. Poco a poco se retoma la educación, parte esencial para el desarrollo del nuevo Puerto Rico.

La normalidad no es estar a oscuras, sin señal de celular o agua. Nuestros niños tienen que saber eso. También tienen que estar conscientes de que cada día se hacen avances para restablecer la vida cotidiana y, aunque podría tardar en algunas regiones, la misma llegará de seguro.

Si María trajo un gran problema, también es cierto que creó una serie de condiciones que fomentaron la interrelación personal. Antes era común en varias comunidades que los vecinos ni tan siquiera se conocían. Ahora, es un panorama “normal” ver a vecinos, con niños, reunidos, compartiendo, jugando y dialogando. Eso es algo que tenemos que atesorar y no dejar ir cuando termine la emergencia. Como tampoco podemos olvidar la inventiva de cambiar las cosas para conseguir resultados a situaciones que antes dábamos por sentado.

La generación de María será una de las más productivas en nuestra historia, con el conocimiento de que es una verdadera crisis y la convicción de que salimos de ella con esfuerzo y dedicación. Ese es el mejor legado que podemos dejarle a nuestros niños.

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