Fernando Cabanillas

Consejos de cabecera

Por Fernando Cabanillas
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Nuevos avances contra osteoartritis: condroitina y glucosamina

Si piensan que no hay nada de nuevo con condroitina y glucosamina para osteoartritis, se equivocan. Esta enfermedad ataca hasta un 30% de las personas de más de 60 años y puede ser para algunos molestosa y para otros devastadora, causando dolor en las manos, rodillas o caderas. Lo que les voy a narrar me dejó intrigado y sorprendido. 

Pero antes debo explicar que la osteoartritis es una enfermedad causada por la pérdida de cartílago en las articulaciones y es radicalmente diferente a otras artritis. Soy un atrevido al escribir de este tema, pues no soy reumatólogo, pero me chocó que las guías de tratamiento del American College of Rheumatology, no se han actualizado desde el 2012. ¿No han  acontecido adelantos en ese campo? Veamos.

Encontré que las guías europeas se actualizan al menos cada cinco años y las acaban de poner al día. A medida que me fui adentrando en el tema, mayor fue mi sorpresa al percatarme de las diferencias en recomendaciones. En lo único que están los europeos y los estadounidenses de acuerdo es que para osteoartritis de la rodilla el mantener un peso apropiado es fundamental. Pero el manejo farmacológico de la rodilla, según los estadounidenses, empieza con uno de estos fármacos: acetaminofén (Tylenol), o un antiinflamatorio no esteroideo (“NSAID”) ya sea oral o en gel, o Tramadol. El Tramadol es adictivo y las guías europeas de 2019  lo desaconsejan. Tampoco recomiendan acetaminofén debido a su potencial de toxicidad, no solo al hígado, sino también al corazón y los  riñones, efectos que se desconocían previamente. En cuanto a los NSAID orales han sido asociados con efectos adversos, iguales o peores a los del acetaminofén, y por tanto los europeos tampoco recomiendan su uso rutinario. En su lugar recomiendan el uso de medicamentos de la familia de los “Sysadoas” (symptomatic slow acting drugs for osteoarthritis). Estos son fármacos con acción lenta utilizados para tratar osteoartritis. La gran ventaja que tienen es su baja toxicidad, y su desventaja es la acción paulatina, pero por otro lado, tienen el potencial de mejorar la enfermedad, no solo disfrazar el dolor. ¿Y cuáles son estas medicinas? Para mi sorpresa, son los fármacos que dan título a esta columna. Hace tiempo yo los había descartado como suplementos ineficaces. Pero han ocurrido algunas novedades importantes que debo compartir y que no han recibido la atención merecida en la literatura médica norteamericana. 

El estudio de más peso se publicó en 2017. Liderado por el doctor belga, Jean-Yves Reginster, fue  muy bien diseñado, ejecutado y analizado. Es una investigación prospectiva doble ciego (ni el paciente ni el médico conocían lo que se les estaba administrando). A un tercio de los pacientes con osteoartritis de la rodilla se les administró sulfato de condroitina; a otro tercio se les dio celecoxib (Celebrex) y al restante se le trató con un placebo. Los que recibieron Celebrex o condroitina les fue mucho mejor que los que recibieron solo el placebo, pero aquellos tratados con condroitina tuvieron mucho menos efectos adversos y por tanto es el tratamiento recomendable. Otro dato muy importante es que los tratados con condroitina experimentaron menos pérdida de cartílago que los tratados con Celebrex

Condroitina no es un medicamento nuevo. Se descubrió en 1913. ¿Por qué no nos habíamos percatado antes de sus beneficios? Primero, debo señalar que la preparación activa es el sulfato de condroitina (“chondroitin sulfate” o CS), y para que sea eficaz debe ser de grado farmacológico. Muchas investigaciones con la preparación incorrecta han arrojado resultados negativos porque hay mucha variación en cuanto a su composición, pureza y absorción del intestino.  

Otras investigaciones con la preparación idónea, la de grado farmacológico, tenían un seguimiento demasiado corto. Recuerden que los productos Sysadoas no funcionan de la noche a la mañana; necesitan entre tres a seis meses para manifestar su eficacia. Todas estas diferencias explican la razón por la cual no existía un consenso en cuanto a la eficacia de este fármaco. En Europa ya existe consenso. En EE.UU. y Puerto Rico no, pero recordemos que las guías estadounidenses no han sido actualizadas desde el 2012.

Otro miembro de esa familia Sysadoas, también recomendado por las guías europeas, es la glucosamina. De nuevo, este fármaco estaba desacreditado como un suplemento nutricional inútil, pero varios estudios recientes respaldan su validez. Un análisis de 25 estudios prospectivos publicados en la literatura médica, en los cuales el tratamiento fue asignado al azar, demostró una gran variación en los resultados. Algunos favorecían la eficacia de glucosamina y otros no. Las conclusiones conflictivas entre estos ensayos se debían al tipo de glucosamina utilizada. Aquellos estudios que usaban una preparación de grado farmacológico, arrojaban resultados consistentemente positivos comparados con los demás.  

Para colmo de males, perdón, de bienes, en un estudio prospectivo de más de 500,000 personas, el uso de glucosamina se asoció con un riesgo menor de ataques al corazón y otros eventos incluyendo derrames cerebrales. Contrario a lo que se pensaba antes, este fármaco no produce ni empeora la diabetes.

¿Y cómo podemos cerciorarnos si el producto es de grado farmacológico? Me sorprendí al descubrir que contrario a Europa, en EE.UU. no evalúan objetivamente la calidad de estos dos productos. Lo único que les puedo recomendar es que le pidan una opinión a la persona a cargo de la farmacia en cuanto a que compañías son las más serias.

Espero no tener que mudarme a Europa si me enfermo de osteoartritis. No estoy seguro si voy a conseguir un reumatólogo en Puerto Rico que no haya leído esta columna y que me quiera atender. Como de costumbre, yo siempre en líos. 

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Nota de la editora: Ningún contenido de este sitio debe entenderse como un sustituto de las indicaciones o recomendaciones de los profesionales médicos a los que el lector decida consultar.

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