Rubén Rodríguez Delgado
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Nunca descarte el pitcheo puertorriqueño

La primera fase del Clásico Mundial de Béisbol dejó en evidencia una vez más que lo que muchos ven como una supuesta debilidad en los equipos de Puerto Rico ha sido realmente una de sus mayores fortalezas.

Puerto Rico dominó a su antojo el Grupo D, denominado por los eruditos del béisbol como el de ‘La Muerte’. Lo hizo destrozando a los lanzadores contrarios, jugando una casi perfecta defensa, pero sobretodo dominando a su antojo a los bateadores rivales.

Sí, una vez más los pitchers puertorriqueños dieron cátedra de cómo lanzar. Lo hicieron en un grupo en el que Venezuela, con una de las alineaciones más temibles en la historia de estos clásicos, era la favorita a imponerse.

Lo hicieron ante una novena de México, ampliamente respaldada por su fanaticada. Pero, más importante aún, dominaron en un lugar ideal para jonroneros. El estadio Charros de Jalisco fue un verdadero paraíso para los bateadores durante esta primera etapa. Fueron muy pocos los serpentineros que no se sintieron intimidados allí. Aunque las distancias eran normales -comparándolas con otros estadios-, la pelota corría con velocidad pasmosa.

Sin incluir el partido de ‘muerte súbita’ de anoche entre Venezuela e Italia, se habían conectado un total de 22 cuadrangulares, casi el doble de los que se conectaron en las otras sedes.

Los lanzadores boricuas solo concedieron dos vuelacercas en 25 entradas.

Puerto Rico terminó con una excelente efectividad combinada de 1.80 esta primera fase. Los lanzadores boricuas se crecieron en esta ronda preliminar como lo han hecho en las pasadas tres ediciones.

No ha sido una casualidad la actuación de los tiradores borincanos. Y a esto súmele que Puerto Rico ha tenido la ofensiva que no tuvo en 2013.

Claro, los escépticos dirán que aún queda mucho camino por recorrer y que en la próxima ronda se pondrán a prueba cuando tendrán que medirse a mejores bateadores como los de República Dominicana y Estados Unidos. Y es cierto, pero los números registrados por nuestros lanzadores en los pasados eventos mundiales respaldan sus actuaciones.

Según las estadísticas ofrecidas por el historiador Jossie Alvarado, en el 2006, el promedio de carreras limpias de la tropa puertorriqueña fue de 2.08. En el 2009 lo hicieron para un tacaño 1.75, mientras que en el 2013 lo hicieron para 2.88. En total, es de 2.27, nada mal para un renglón que siempre ha sido considerado como la debilidad de nuestras diferentes plantillas.

Ha habido una constante. Ese pitcheo siempre ha tenido la bendición de dos de los mejores receptores que ha tenido el béisbol: Iván Rodríguez y Yadier Molina.

Así que dejemos de verlo ya como una casualidad. Nunca descarte ese pitcheo boricua. Recuerde que detrás del plato está Yadier.

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