Benjamín Morales

El Catalejo

Por Benjamín Morales
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Obama llegó hasta donde pudo

El presidente Barack Obama se va del poder la semana próxima y dejará en su registro histórico su evidente intención de alcanzar una paz plena con Cuba, a pesar de las disímiles perspectivas políticas que todavía existen en ambos lados del estrecho de la Florida.

Su mayor escollo, claro está, fue el Congreso, que estuvo en manos republicanas la mayor parte de su mandato y le hizo la vida de cuadritos con la mayoría de su programa de gobierno.

Debo decir, eso sí y para ser justo, que los republicanos bien pudieron usar a Cuba como ficha de tranque en discusiones de alto nivel con la Casa Blanca, pero no lo hicieron. Lo cierto es que dejaron al presidente actuar en una suerte de política de no intervención.

En ese escenario, Obama no sólo flexibilizó el intercambio económico con Cuba, sino que restauró las quebradas relaciones diplomáticas con el gobierno de la isla, un hecho que parece simple, pero que tiene implicaciones enormes.

Mantener relaciones diplomáticas significa que los países llegan a acuerdos bilaterales que no pueden ser ignorados o alterados unilateralmente, pues constituirían una violación a los pactos internacionales bajo los cuales, por ejemplo, el propio Estados Unidos extiende sus tentáculos por todo el mundo.

Es en ese contexto del restablecimiento de relaciones diplomáticas, se dio la elaboración de un nuevo acuerdo migratorio entre Cuba y Estados Unidos, el cual acabó con la política de “pies secos, pies mojados”, que daba trato especial a los inmigrantes cubanos que tocaban suelo estadounidense.

El hecho de que la eliminación de esa doctrina haya sido incluida en un pacto bilateral implica que el gobierno de Donald Trump no podrá desconocerla a menos que renegocie el acuerdo con Cuba o, lo que es peor, rompa de nuevo las relaciones diplomáticas y adopte políticas unilaterales como la del bloqueo o embargo económico hacia la isla.

Y esa es una medida genial de Obama en términos de estrategia, pues no sólo coloca su decisión bajo las reglas del protocolo diplomático, sino que empuja a Trump contra la pared, ya que la acción del presidente saliente es cónsona con los principios migratorios del mandatario electo, quien no quiere ningún tipo de concesión para los inmigrantes.

Ahora, ¿por qué Obama dio este paso que golpea directamente las aspiraciones de un sector de la población cubana de emigrar a Estados Unidos y es una estocada a los intereses del exilio en Miami?

Las razones se cuajan en una mezcla que incluye una buena dosis de pragmatismo, un toque de justicia sazonada con legado y hasta un poco de desquite.

La primera razón es que desde Cuba ha iniciado un éxodo callado, pero intenso, en los últimos tres años. El centro de estudios especializados Pew estima que a Estados Unidos han llegado sobre 100,000 cubanos en los últimos tres años, una cifra que escandaliza pues tiene un impacto directo sobre los programas de ayuda social, al cual los antillanos tenían acceso inmediato por el trato especial de la política pies secos-pies mojados. Con su decisión, Obama ha eliminado un tema de costos importante, a la vez que logra que Cuba acepte la deportación de sus nacionales, entre ellos muchos indeseables, lo cual es un negocio redondo.

A ello se suma el tema de la justicia, pues otros grupos inmigrantes se quejaban del trato especial dado a los cubanos, quienes copaban los empleos, sobre todo, en el sur de la Florida. También está el asunto del legado, ya que Obama dejó claro que en su presidencia quería cerrar temas inconclusos en la política foránea estadounidense, como los de Cuba e Irán.

Y finalmente hay un poco de desquite. No es un secreto que Obama consensuó por lo bajo muchas de sus movidas con el exilio cubano, el cual le respondió dando un voto masivo a favor de Trump en Florida. Obama, entonces, le devolvió la bofetada.

Al final, lo importante es que esta medida pone fin a un drama de trastienda que pocos conocen, que es el negocio de tráfico humano que dejaba millones de dólares a una mafia en Estados Unidos.

Si Obama hizo o no lo correcto, eso se debatirá por años, lo que sí creo es que llegó hasta donde pudo con Cuba y que, como dijo Fidel Castro Ruz, “la historia lo absolverá”.

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