Juan Antonio Candelaria

Tribuna Invitada

Por Juan Antonio Candelaria
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Observatorio de Arecibo, eje de turismo científico

Cuando se habla de atracciones turísticas con valor científico, hay que mencionar el radiotelescopio de plato fijo  más grande del mundo, ubicado en el barrio Esperanza de Arecibo.  Recientemente, se ha puesto de relieve una adición nueva, al inaugurar la tecnología  de alta frecuencia, lo que permitirá estudiar la ionósfera con mayor profundidad.

Es uno de los centros de investigación más importantes en áreas de radioastronomía, astronomía planetaria y estudios atmosféricos. Recibe cada año a más de 100,000 visitantes de todo el mundo, incluidos científicos. Realizan investigaciones alrededor de 30,000 estudiantes.

Es el sistema de radar más grande de solo un plato. Solamente, el plato del radiotelescopio, bautizado con el nombre de William E. Gordon, su fundador,  mide 1,000 pies de diámetro y 167 de profundidad, cubriendo un área de 20 acres. Este radar le inyecta a la economía $140 millones.

Además de los méritos mencionados, podemos destacar los múltiples reconocimientos que ha recibido esta maravilla de la ciencia, así como descubrimientos únicos en el mundo. Siendo el más impactante el descubrimiento de un sistema binario, con una estrella de neutrones y un pulsar. Descubrimiento que le gana al Dr. Joseph Taylor, el Premio Nobel en Física otorgado por la Academia Sueca de las Ciencias en 1993. Una distinción sin par para  la isla.  (El Nuevo Día, 25 de noviembre de 2013)

A pesar de todas esas plusvalías, que deben ser motivo de orgullo de todo Puerto Rico, no cuenta con las mejoras viales a tono con su majestuosidad. La carretera 651, del kilómetro uno al cinco se encuentra en estado deplorable y no hay visos de que el gobierno entienda la urgencia de su pavimentación. La crisis de valores que angustia la isla no permite aquilatar los grandes activos que tenemos en Puerto Rico.

No reconocer la grandeza para el turismo científico que tiene nuestro Observatorio, es la mayor torpeza y mezquindad. Es inconcebible que, la carreta 651, vía más directa que conduce a esta maravilla de las ciencias se haya encontrado, por años, en tan mal estado. Ha sido bacheada, pero no pavimentada en algunas  ocasiones, volviendo al poco tiempo a su estado de abandono. 

El gobierno estatal, tradicionalmente,  no ha reconocido que de nada vale tener atracciones turísticas, si no se tiene la infraestructura para desarrollarlas. Esperamos que licenciado William Villafañe, secretario de la Gobernación, quien viene precedido de grandes credenciales para ocupar esa silla, tanto como el secretario de Transportación y Obras Púbicas, con no menos justificantes, establezcan ese tramo de carretera como una prioridad de la agencia.

De igual manera, abrigamos la esperanza de que la Compañía de Turismo, reconozca que hay que expandir el Turismo fuera del casco de San Juan, para subsanar lo que hasta ahora ha sido un error de cálculo y complacencia.  La isla tiene grandes atracciones turísticas, de toda índole artificial, natural, ecológica y científica, que ameritan sean punta de lanza del desarrollo turístico. Con una mirada crítica al mapa de país se pueden dar cuenta de las bellezas naturales y creadas por el hombre, con que contamos. “La isla”, como llaman algunos,  es parte importante de Puerto Rico.

Turismo, que tanta exposición pública tuvo el pasado cuatrienio, así como la Autoridad de Carreteras, deberían aunar esfuerzos para mejorar la infraestructura vial, que en vez de cien mil visitantes, al radiotelescopio, se incremente  de forma exponencial. Que lejos de estar condenado a cerrar operaciones, su  futuro esté garantizado. Es lo menos que se puede pedir si es que se quiere invertir en desarrollo y no en despilfarro.

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