Ibrahim Pérez

Tribuna Invitada

Por Ibrahim Pérez
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Obstetricia en vías de extinción

Informes del Departamento de Salud revelan que los nacimientos anuales en nuestros hospitales se han reducido en un 54% en la pasada década. Bajaron de 46,748 a 21,482 entre 2007 y 2018, de 128 a 59 nacimientos diarios.

El Hospital Presbiteriano mantenía el liderato en 2017 con 2,198 nacimientos (seis diarios), 1,380 menos que en 2009 cuando el Presby también era líder con 3,578 nacimientos (entonces diez diarios). Los nacimientos bajaron en todos los municipios entre 2007 y 2017, fluctuando la baja entre 40% y 60% promedio.

En 2017, solo nueve hospitales registraron sobre mil nacimientos (entre tres y seis diarios), lo cual contrasta con los 19 hospitales que superaron los mil nacimientos en 2009. En esos nueve hospitales nacieron 12,690 niños, 52% del total. Un grupo intermedio de 16 hospitales registró entre uno y tres nacimientos diarios en 2017 (14 hospitales en esa misma categoría en 2009).

Sin embargo, la reducción en nacimientos más dramática ocurrió en 21 hospitales que no alcanzaron ni un nacimiento diario promedio, y apenas registraron 12% de todos los nacimientos en 2017. Solo cinco hospitales habían promediado menos de un nacimiento diario en 2009.

La indetenible reducción en nacimientos que hemos experimentado tiene un impacto adverso en nuestra red médico-hospitalaria que brinda cuidado obstétrico-neonatal. Los datos reflejan una alta concentración de nacimientos (52%) en nueve instituciones hospitalarias en un extremo y un grupo de más del doble de hospitales (21) que tiene que sobrevivir al otro extremo con menos de un nacimiento diario. Esa concentración de nacimientos en menos hospitales es consistente con el estimado del Colegio de Obstetras-Ginecólogos local de que en la isla apenas quedan cerca de cien obstetras-ginecólogos activos en partos, de alrededor de 300 que practicaban la especialidad.

Es obvio que tanto los hospitales como los obstetras-ginecólogos tienen que analizar su situación individual y colectiva. Pero es necesario incluir en dicha evaluación a perinatólogos, neonatólogos y pediatras, también impactados por la masiva reducción de nacimientos.

Cada hospital, cada profesional médico concernido, se verá obligado a sopesar decisiones sobre si continuar, descontinuar o reestructurar sus servicios obstétricos y pediátricos, tomando en consideración los intereses de todas las partes, especialmente los de la población a la que sirven. Muchos hospitales mantendrán hasta donde más puedan su compromiso con la prestación de servicios a todo el grupo familiar, sin excluir a madres y niños meramente porque sean menos rentables. El análisis tiene que integrar y armonizar simultáneamente los recursos profesionales mermados por la emigración, con la redistribución de poblaciones de madres y niños creada por los cambios demográficos en toda la isla.

No es momento para que cada uno hale para su lado en los tiempos críticos que vive nuestro sistema de salud. Es tiempo de velar primero por lo que sea mejor para los pacientes mediante soluciones que, si no pueden ser las mejores, sean las menos malas para todos los concernidos.

Si la solución final fuese que hay que reducir la oferta hospitalaria para hacer partos y brindar cuidado crítico neonatal, habría que organizar y clasificar el cuidado obstétrico-neonatal por niveles y geografía, concentrándolos en instituciones debidamente cualificadas y definidas regionalmente.

Además, sería conveniente establecer nuevos programas de adiestramiento-residencia con mecanismos de retención como los utilizados por las Fuerzas Armadas de Estados Unidos. Eso haría más probable que nuevos especialistas egresados (aparentemente suficientes en este momento) permanezcan en Puerto Rico para reforzar los servicios obstétricos-pediátricos que prestarán en el futuro junto a los especialistas y hospitales que sobrevivan la presente crisis.

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martes, 18 de junio de 2019

Obstetricia en vías de extinción

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