Héctor Ferrer

Tribuna Invitada

Por Héctor Ferrer
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Oda al patriotismo, al nacionalismo y a la religión

El presidente Donald Trump compareció ante el Congreso con los niveles más bajos de aceptación en la historia de la nación norteamericana. Trump cuenta con solo un 33% de aprobación entre los votantes, en cuanto al trabajo del magnate neoyorquino como ocupante de la oficina ovalada. Mientras que una vasta mayoría, entre estos grupos de mujeres, minorías, republicanos, demócratas, independientes y otros, desaprueban su desempeño.

Por lo tanto, su mensaje del Estado de la Unión debió, pensaron muchos, ir dirigido a atraer esos grupos. Para sorpresa de muchos, no fue así. La verdad es que Trump lleva tres años hablándole a ese mismo 33 por ciento, lo que él y sus asesores reconocen como su base, por tanto, nadie debe sentirse sorprendido por el mensaje. Trump, aunque más sereno y sin poder tuitear, fue Trump.

¿Cuál ha sido, es y será su mensaje? Hablar de los valores patrios norteamericanos; la bandera, el himno, los soldados activos y los veteranos, los monumentos, la grandeza del imperio, las historias de valor de Washington y de Lincoln y la religión. Seguiremos escuchando el mensaje del regreso de los empleos y las corporaciones norteamericanas; el fortalecer el ejército y las armas nucleares, la lucha contra la dictadura de Corea del Norte, contra el socialismo y el comunismo de Cuba y Venezuela. La guerra contra los inmigrantes y la construcción de la gran muralla, repetirá una y otra vez, MAKE AMERICA GREAT AGAIN.

Esta oda al patriotismo, al nacionalismo americano y a la religión, lo llevó a ganar unas primarias y una elección. Trump es de los que piensa, si funciona una vez, funciona siempre; por tanto, lo veremos seguir con el mismo discurso, el mismo mensaje y la misma retórica.

No nos confundamos, no está loco y tampoco senil, como mucha gente dice o cree. El presidente Trump una y otra vez le habla a su base; al blanco evangélico de Alabama y Mississippi, al rico empresario de Wall Street, al hillbilly de las montañas de Carolina del Norte y Tenesí. A los que se arropan con la bandera americana y la de los nazis al mismo tiempo, a los que se levantan con la biblia en mano predicando, en vez por la igualdad y el amor, destilando odio por la preferencia de género, incitando al discrimen por nacimiento y provocando la violencia contra aquellos por su color de piel.

Ese es Donald Trump, un egocentrista multimillonario, elitista, racista y explotador de seres humanos, que llegó a la presidencia de los Estados Unidos, porque supo y sabe tocar la melodía que un 33 por ciento de la nación norteamericana les gusta escuchar. Son los mismos que lo apoyaron y lo seguirán apoyando mientras les deleite con la oda al patriotismo, al nacionalismo y a la religión.

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