Mirelsa Modestti González

Tribuna Invitada

Por Mirelsa Modestti González
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Ojos que ven, corazón que siente

“Hombre asesina a su esposa y luego se suicida en Florida”, “Teniente mata a su esposa y luego se suicida”, “Confirman suicidio de padre encontrado junto a sus hijos: les arrebató la vida y se suicidó”, “En condición grave mujer atacada con un machete por su expareja”, “En la cárcel por cargos de violencia de género: envió mensajes amenazantes a través de su celular a la víctima”… Todos estos titulares nos han consternado en menos de una semana. ¿Necesitamos más para darnos cuenta de que la violencia de género es un problema de grandes proporciones en Puerto Rico?

Quizás usted comprenda lo grave del problema. Con toda probabilidad, estas noticias hieren profundamente la fibra de su sensibilidad. Y posiblemente piense que la violencia de género, aunque es un mal social terrible, no puede prevenirse. ¿Si yo le dijera que sí? ¿Si yo pudiera mostrarle algo que, de haberse empleado a tiempo, habría salvado la vida de los dos angelitos que murieron dormidos por el monóxido de carbono, que hubiera podido salvar a la esposa del teniente y a tantas otras mujeres que han encontrado una muerte que no merecían?

No es algo mágico que va a erradicar este mal de la noche a la mañana, pero es un remedio que va justo a la raíz del problema. Algo que podría ayudar a criar ciudadanos más equilibrados, más justos, más sanos. ¿Algo que no se ha descubierto antes? No, se descubrió hace mucho. ¿Y por qué no se ha implementado? Tendría que decir que por ignorancia. Porque se ha tergiversado terriblemente su esencia. Hablo de la perspectiva de género.

Desde que comenzó a escribirse sobre el tema en las redes, he leído toda clase de barbaridades.  Que viene a destruir el concepto de familia, que es un ataque a la sociedad, que atenta contra el orden natural, que niega la diferencia fundamental entre el hombre y la mujer… Hasta circuló, de forma maliciosa, una tirilla que mostraba imágenes gráficas de personas teniendo sexo y decían que eran tomadas de cuadernos para niños sobre perspectiva de género. Nada más lejos de la realidad. ¡Perspectiva ‘en degenere’!

¿De qué trata, entonces, la perspectiva de género y qué potencial tiene de prevenir la violencia doméstica? Enseñar perspectiva de género es decirles a los niños que las niñas no son objetos, sino seres humanos como ellos. Que no son cosas de las que puedan apropiarse, sino personas con valor y sentimientos, similares a ellos. Es decirles a las niñas que pueden aspirar a ser ingenieras, astronautas o médicas. Que pueden decir no. Que la mamá de Pepín y Rosa no tenía que quedarse en casa a limpiar y que el papá, si llegaba del trabajo antes que ella, podía cocinar la cena y echar una tanda de ropa a lavar y que no sería menos hombre por ello. Es decirles a los niños que pueden jugar con muñecas y llorar en las películas y no pasa nada. Es enseñarles que algunas familias tienen un papá y una mamá, pero que en otras, los niños viven con sus abuelos… o que hay dos mamás y ningún papá, o dos papás y que esas familias valen tanto como las primeras.

Perspectiva de género es también hablar de que las relaciones de pareja se dan entre dos iguales. Que ambas personas deben consentir la relación y que si una de las dos, no importa su género, ya no quiere o no puede estar en la relación, tiene todo el derecho a salir de ella. Que cada vida es preciosa y merece salvarse. Es eso y nada más que eso.



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