Fernando Cabanillas

Tribuna Invitada

Por Fernando Cabanillas
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Once bacterias salvadoras

Hace muchos años aprendimos cómo nuestro sistema inmune puede atacar y eliminar células cancerosas. De hecho, la inmunoterapia como tratamiento del cáncer, aunque les parezca increíble, se remonta a 2600 A. C. cuando el faraón egipcio Imhotep hacía una incisión en los tumores cancerosos, luego les aplicaba un mejunje para infectarlo y esto causaba la regresión del cáncer. Pero la realidad es que ni él entendía a cabalidad lo que estaba haciendo, ni esto resolvía el problema, porque mayormente lo que se trataba era el tumor primario sin abordar el tema de las metástasis, que es lo que mata al paciente. 

Pasaron muchos siglos antes de que comenzáramos a discernir cómo es que nuestro sistema inmune nos protege del cáncer, y ese ha sido sin duda un importante avance. Al lograr entender a fondo cómo nuestro cuerpo ataca el cáncer y cómo este, a su vez, se defiende, pudimos entonces afinar la inmunoterapia desarrollando nuevos fármacos como Nivolumab y Pembrolizumab. Estas dos medicinas junto con otras, han sido bautizadas con el largo e incómodo nombre de “inhibidores de los puntos de control inmune”. A pesar de la eficacia de estas medicinas en el manejo de ciertos tumores como el melanoma, cáncer de pulmón y algunos linfomas, estos remedios no tratan todo tipo de cáncer ni son 100% efectivos. Si lográsemos un 100% de eficacia en vez del aproximadamente 40% que actualmente tienen, y expandiéramos su actividad a otros tumores, sería sin duda un colosal avance. 

Hasta hace poco no nos habíamos percatado de que la inmunoterapia frecuentemente falla porque el sistema inmune está apagado y necesita encenderse igual que el motor de un carro. Para asombro de todos, aprendimos que la ignición que lo prende es la flora intestinal, también conocida como el microbiota, que no es otra cosa que el innumerable conjunto de bacterias que habitan nuestro intestino. Si el microbiota no contiene las bacterias necesarias, el sistema inmune fallará en encenderse y, por ende, la inmunoterapia no funcionará. Sabemos también que un trasplante de heces fecales proveniente de personas saludables puede cambiar ese microbiota, corrigiendo la deficiencia.

Como era de esperarse, los próximos avances en la inmunoterapia ocurrirían cuando lográramos entender mejor la composición del microbiota. En un trabajo proveniente del Centro de Cáncer MD Anderson, se afirmó por primera vez que aquellos pacientes cuya flora intestinal era más diversa, respondían mucho mejor a la inmunoterapia. Quedó claro que el microbiota influye en la respuesta antitumoral a la inmunoterapia, pero desconocíamos exactamente qué microbios son los responsables de prender el sistema inmune. Ahora a ese estudio se añade otro igual de importante. 

Idealmente, la aplicación del microbiota como inmunoterapia debiera utilizar los microbios indispensables para estimular el sistema inmune. No solo sería más seguro y menos desagradable que un trasplante de heces fecales, sino que también debiera ser más eficaz. El problema, sin embargo, es que identificar estos microbios favorables era como buscar una aguja en el inmenso pajar de miles de millones de diferentes gérmenes que nos habitan. Además, no teníamos idea del color ni el tamaño de la aguja que buscábamos. El doctor Tanoue, de la Universidad de Keio, en Tokio, Japón, ha logrado encontrar 11 “agujas” (bacterias favorables) en el inmenso pajar de microbios intestinales.

Sabemos que entre los componentes principales del sistema inmune responsables de atacar y eliminar células cancerosas, están unos linfocitos que pertenecen a un pequeño pero importante subgrupo de todos los linfocitos que componen el sistema inmune. El doctor Tanoue descubrió que los ratones criados en condiciones normales de laboratorio tenían una abundancia de este tipo de linfocitos en su colon, pero esas células estaban prácticamente ausentes en el intestino de ratones criados en un ambiente libre de gérmenes, lo cual le sugirió que los microbios son necesarios para generar estos linfocitos tan importantes.

Entonces los investigadores se propusieron encontrar exactamente cuáles eran esos microbios imprescindibles. Para identificarlos, primero recolectaron heces fecales humanas provenientes de donantes saludables. Luego las trasplantaron al colon de ratones criados en un ambiente libre de gérmenes. El análisis les permitió identificar una mezcla de 11 diferentes bacterias que provocaron un aumento en el número de los codiciados linfocitos. Dichos linfocitos, después de ser estimulados por esas 11 bacterias, se acumularon y proliferaron en el intestino de los ratones. 

Bien, ya tenemos el motor del carro encendido. Ahora hay que echarlo a andar. El próximo paso es tirar de la palanca de los cambios. Y eso lo logran las bacterias al producir unas sustancias que se desprenden de su cuerpo para circular por toda la sangre. Al llegar a sitios remotos donde hay otros linfocitos que no son los del intestino, los estimulan a llevar a cabo su función de atacar tumores en cualquier parte del cuerpo.

¿Cómo podemos acelerar ese carro que se está moviendo, pero lentamente?  Para acelerar el paso, lo próximo que hicieron los investigadores fue combinar las 11 célebres bacterias con los fármacos de inmunoterapia para determinar si así podían atacar y matar los tumores con mayor eficacia. La grata noticia es que la reducción en el tamaño de los tumores fue superior con esta combinación, al compararla con los resultados observados cuando usaron solamente las bacterias, y mucho mejor que con las medicinas de inmunoterapia solas.  

Esto es un gran adelanto pero también provoca una serie de interrogantes, entre ellas: ¿hay algunos antibióticos que matan estas codiciadas cepas de bacterias y que por tanto debiéramos evitar? 

Claro, que estos datos son parcialmente derivados de humanos, pero también parcialmente de ratones, por lo cual hay que ejercer precaución al interpretarlos. Sin duda pronto tendremos estudios clínicos en humanos. 

Y si eres de los supersticiosos que intentan siempre extraer algún significado a los números, te resumo lo que he aprendido: en la “ciencia” de la numerología, el 11 representa la iluminación espiritual. Pero más interesante aún es que en el juego de bolita cubano, cuyas raíces son chinas, cada número tiene un significado y usualmente es el nombre de un animal. Por ejemplo, el 41 significa lagartija, el 45 tiburón, el 48 cucaracha. ¿Y el 11? El 11 significa gallo. ¿En serio? ¡Los gallos nos salen hasta en la sopa! Primero la Comisionada Residente con su amenaza de “desobediencia civil” por las peleas de gallo, la semana pasada los “Gallos Gamma”… ¡y ahora en las heces fecales! 

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