Johnny Rullán

Tribuna invitada

Por Johnny Rullán
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¡O nosotros o el mosquito!

La epidemia del zika llegó a Puerto Rico para finales de 2015. Distinto al chikungunya, cuyos síntomas son notables, la mayoría de las personas ni siquiera saben que han tenido zika, ya que 80% son asintomáticos y los que sí tienen síntomas suelen ser leves y, por lo general, no van en busca de ayuda médica.

Aquí estriba lo más peligroso de este virus; la población lo ha subestimado porque no conoce a nadie a quien le haya dado, porque los síntomas son menos severos que los del chikungunya, pero las consecuencias son devastadoras.

Por lo tanto, el sistema de vigilancia de los casos reportados, aunque útil para comparar semana por semana el momentum de la epidemia, no facilita entender su alcance real, pues no es representativo de la población general y es una ventana con vista limitada.

Así las cosas, ¿qué ventana podríamos usar para mirar y observar el alcance del zika y su impacto potencial a nuestra Isla? El cernimiento de donantes de sangre para detección de infección reciente por zika es útil, porque detecta quién tiene el virus en la sangre (viremia) en los últimos 10 días. En otras palabras, si la prueba de cernimiento es positiva entonces presuntamente la persona ha tenido infección en los 10 días previos y su sangre es descartada para donarla. Si la prueba es negativa, se presume que la persona no se infectó en los últimos 10 días. O sea, captura a los recién infectados, tengan o no síntomas. Eso significa que usando la extrapolación de la data de los donantes rechazados podemos “ver” cuantas personas aproximadas se infectan por semana en Puerto Rico, aceptando que dicha aproximación no es estadísticamente representativa de la población general.

La vigilancia de donantes de sangre revela un cuadro realista del alcance de la epidemia en los últimos tres meses en Puerto Rico. Durante las 10 semanas de cernimiento de donantes, el 5.2% de las personas que fueron a donar sangre se encontraron que habían sido infectadas por el virus del zika. O sea, 180,657 personas residentes de Puerto Rico se han infectado en los últimos tres meses. Si el número esperado de 700,000 que el CDC ha proyectado para Puerto Rico (el 20% de los 3,500,000 residentes en la Isla), pues entonces para el 11 de junio de 2016 iríamos por el 25.8% (180,657/700,000).

Si estudiamos detenidamente la curva epidemiológica de esa vigilancia de donantes de sangre, observamos que la curva es ascendente y que la semana del 5 al 11 de junio se rechazaron 1.1% de los donantes o, en otras palabras, 35,000 residentes de Puerto Rico presuntamente se infectaron la semana previa.

La cifra de 35,000 personas infectadas en una semana (5,000 por día) es preocupante por las dos secuelas serias de la infección, primero la microcefalia y segundo, por el síndrome de Guillan-Barré. Cómo comentamos el 12 de enero de 2016 en una entrevista radial, “O nosotros o el mosquito Aedes Aegyptii”. No hay otra.

Esta epidemia es la más seria que he confrontado en mis 31 años de médico epidemiólogo, no solo por lo explosivo que ha sido este ataque silente del virus, sino tambien porque falsamente se me ha imputado de tener intereses financieros con la fumigación aérea y el larvicida a escoger. Todas y cada una de esas imputaciones son infundadas, falsas y al otro extremo de la realidad. Las rechazo con severidad como ex Secretario de Salud y Epidemiólogo de Estado que he sido durante mi carrera profesional en Puerto Rico.

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