Ángel Rosa

Tribuna Invitada

Por Ángel Rosa
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Orta, Sosa y Perelló: Terremoto en el PPD

Los arrestos, por las autoridades federales, del exsecretario de Recreación y Deportes, Ramón Orta y el exmiembro del equipo de campaña de David Bernier, Miguel Sosa, implicados en un esquema de corrupción pública constituyen un terremoto que estremece los cimientos del Partido Popular Demócratico (PPD).  La colectividad más antigua de nuestro sistema de partidos políticos recibe el golpe, tras las escandalosas revelaciones del caso por corrupción contra su donante Anaudi Hernández y un grupo de figuras vinculadas a diversas candidaturas en la elección de 2012, que fueron causa principal de su derrota en 2016.

Al día siguiente de los arrestos, la Oficina del Fiscal Especial Independiente (FEI) anunció que radicarán cargos por delitos de corrupción contra el expresidente de la Cámara de Representantes, Jaime Perelló, referido al FEI por la pasada administración por contratos indebidos relacionados al esquema de Anaudi.

Los arrestos han puesto al relieve también las luchas internas entre diversos grupos dentro del PPD por la sucesión presidencial y la eventual candidatura a la gobernación en 2020.  Por un lado, están los que apuestan al regreso de Bernier y del otro los que prefieren que Héctor Ferrer tenga la oportunidad que siempre ha anhelado de encabezar la papeleta Popular.  Unos esgrimen la defensa de que no había forma de saber desde la dirección de la campaña sobre los manejos turbios de Sosa y otros gritan a los cuatro vientos que Bernier estaba advertido y que es hora de “meterlos a todos presos”.

En medio de este cuadro el PPD ha perdido la ofensiva que había ganado con el triunfo del boicot sobre la estadidad en el plebiscito del 11 de junio.  Peor aún, pierde la confianza de los ciudadanos en su capacidad para en el futuro manejar con pulcritud los escasos recursos de un gobierno en ruinas.  Este es un nuevo episodio en su camino a perder la legitimidad que deben mantener los movimientos políticos para aspirar a gobernar.

El PPD es el partido de Luis Muñoz Marín.  Bajo su dominio se crearon las instituciones que permitieron reducir al mínimo el pillaje y la corrupción en nuestro gobierno.  En algún punto ese ideal de gobierno limpio dejó de ser norte.  Atrás quedó el orgullo de entrar y salir de la política sin un dólar más de los que se tenían. O las historias de quienes entraron ricos y luego de una vida de servicio salían más que con la pensión que hubiesen sudado. 

¿Qué los hizo cambiar? ¿Qué entronizó tal mediocridad en el liderato que tolera que el acceso al privilegio de la política pueda utilizarse repetidamente para llenarle los bolsillos a unos inescrupulosos? Esa reflexión deben hacerla los electores que con su voto avalan las candidaturas que permiten estos escándalos.  Y en tiempos en que se aplaude la eliminación del financiamiento público de las campañas, a favor del dinero privado muchas veces allegado en esquemas como los que esta semana nos estremecen, valdría la pena entender que no solo con penas de cárcel y auditorías se controla la corrupción.  Esto es un asunto de saber que quien quiera robar no debe ni siquiera pensar en la política.  En definitiva, es un asunto de voluntad. 

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