Federico Pérez

Tribuna Invitada

Por Federico Pérez
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Oscar López y la politización del Desfile Puertorriqueño

En el año 2,000, yo era el director de relaciones públicas del Desfile Puertorriqueño en Nueva York y Ramón S. Velez era el presidente. Vinimos a Puerto Rico, al Restaurante El Zipperle, para hacer una conferencia de prensa y anunciar que el evento ese año se le dedicaba a Vieques y a Don Pedro Albizu Campos.

El exgobernador Carlos Romero Barceló se opuso e hizo expresiones en contra, también el secretario de la gobernación, cuyo nombre no recuerdo, y otras personas. Sin embargo, nosotros nos reafirmamos bien claro de que el Desfile iba a elogiar la lucha por la paz en Vieques, así como a Don Pedro Albizu Campos. Por eso invitamos a su nieta y a su hijo, que estuvieron con nosotros en la conferencia de prensa.

También hubo reparos de parte de La Fortaleza, pero respondimos elegantemente al destacar que el gobierno de Puerto Rico en ningún momento había sufragado los gastos operacionales del Desfile Puertorriqueño y no había razón por la cual tenían que hacer demandas al cuerpo organizador de nuestra institución.

Sin embargo, hoy, como dijo Melissa Mark Viverito, los extremistas han estado llevando una campaña negativa en contra del Desfile, evento que representa para nosotros los que vivimos en la diáspora el símbolo de nuestra presencia en la ciudad de Nueva York.

Yo que he vivido toda la vida del Desfile porque llevo 59 años en Nueva York sabemos de las vicisitudes del pasado, del discrimen, de cómo tuvimos que fajarnos duramente en contra del abuso que hubo contra los boricuas y los hispanos en otras épocas. Hemos superado todos los escollos y ahora tenemos la participación de artistas, profesores, estudiantes, personas de todos los campos del saber en Nueva York, incluso empresarios y políticos que no teníamos en aquella época cuando comenzó el Desfile. Hoy tenemos dos congresistas en Nueva York, tenemos senadores estatales, concejales, presidentes de consejos municipales, hay bastante poder político, y como somos tan buenos siempre los boricuas lo compartimos con los demás grupos hispanos, dominicanos, mexicanos y salvadoreños, entre otros.

El Desfile Puertorriqueño de Nueva York se organizó en el 1957 y en el 1958 se llevó a cabo el primero, encabezado por el señor Víctor Lopez, su primer presidente, y don Chuito Caballero como coordinador general. Este Desfile surgió para demostrar nuestra presencia numérica en la ciudad de Nueva York y para resaltar nuestra cultura y las luchas que se tenían que librar en contra de otros grupos étnicos. Yo tuve la dicha de llegar a Nueva York el 21 de Julio del 1958 y ver de cerca las trabas que se ponían a los boricuas en la búsqueda de empleos y condiciones educativas. Aprendí a valorar el esfuerzo que hacían mis compatriotas en los barrios donde habitaban los boricuas. Participe en el Desfile de 1960.  La intervención del entonces gobernador Luis Munoz Marín fue clave para que nos dieran el permiso para marchar en la Quinta Avenida. El alcalde era Robert F. Wagner, gran amigo de los boricuas. Yo desfilaba con la organización Caborrojenos Ausentes, que dirigía la señora Frida Montalvo. Es bueno reconocer que las organizaciones se pueblo eran la espina dorsal del Desfile. En el 1968 fui miembro de la Junta de Directores y luego por años permanecí vinculado a la organización.

Hoy, el retiro de los auspicios es una respuesta a lo que está pasando en la Isla. No creo que haya oficial político en Puerto Rico que desconozca que el Desfile se celebra desde 1958 en Nueva York el segundo domingo del mes de junio. Qué pura coincidencia que el Gobierno actual de Puerto Rico haya decidido celebrar un aborto de plebiscito el día 11 de junio. Qué ironía.  ¿No es adrede que ese acto sea en esa fecha, cuando todo el mundo sabe que ese es del día glorioso de nuestra patria en el exilio? Es la fecha cuando miles de puertorriqueños y no puertorriqueños se reúnen en la Quinta Avenida para darle vítores a la bandera de Puerto Rico, para festejar el orgullo de nuestra puertorriqueñidad y sacar a lucir lo mejor de lo mejor de nuestro pueblo.

Este año el Desfile no está dedicado única y exclusivamente a Oscar López Rivera. Está dedicado a Iván “Pudge” Rodríguez, a Mónica Puig, a Iris Chacón, a Gilberto Santarrosa, entre otras personas. Pero han utilizado como vehículo político el nombre de Oscar López Rivera.

Creo que le dieron un título de prócer de la libertad y eso ha chocado en muchos oídos porque prócer fue Eugenio María de Hostos, Ramón Emeterio Betances en sus días y podemos llamar prócer también a Don Pedro Albizu Campos, pero todavía López Rivera no debería proclamarse así, aunque lo que él hizo no es nada fácil. Pero eso es lo que ha causado esta controversia. Esa es mi humilde opinión.

Nosotros en el pasado en el Desfile hemos tenido controversias internas, incluso nos llevaron a la corte otros grupos. Sin embargo, todo se ha superado. Yo apoyé dedicar el Desfile a personalidades artísticas. Logré coordinar que Carmita Jiménez fuera la primera madrina del Desfile, en el 1974 y también cuando se le dedicó el evento a Don Pedro Flores. Recuerdo cuando a nuestro insigne compositor ese año se le dedicó un concierto de bandas en el Lincoln Center y él marchó en una carroza con el Cuarteto Borinquen por la Quinta Avenida.

Sin embargo, actualmente la junta del Desfile fue impuesta por el procurador general, quien nombró a un grupo de personas que no tienen conocimiento pleno de cómo ha sido el Desfile y no tienen suficiente experiencia con la comunidad boricua. Todavía es la hora que la actual directiva no tiene un local propio para interactuar con las organizaciones puertorriqueñas que quedan en la ciudad. El Desfile Puertorriqueño lo compone una junta interna que no tiene “imput” de afuera.

Yo creo que debe haber una reorganización supervisada por el procurador general, pero que las organizaciones de pueblo, cívicas, sociales y culturales de Nueva York tengan su delegado, como se hizo en el pasado, y que así surja una junta independiente, que tenga en su corazón los asuntos de la comunidad boricua en Nueva York porque el Desfile con su junta actual se ha politizado de una manera sorprendente. Si no se logra esa reorganización, hay riesgo de que nuestra gente pueda perder el interés en la única institución que resalta a nivel internacional los valores de nuestra patria.

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