Juan Negrón Ocasio

Desde la diáspora

Por Juan Negrón Ocasio
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Oscar no debe ser tema central

Desde el anuncio del reconocimiento a Oscar López Rivera por el Desfile Puertorriqueño de Nueva York todos los medios hispanos en Estados Unidos, Puerto Rico y una gran parte del hemisferio se alborotaron. Numerosos columnistas llenaron páginas. Los que defendían el reconocimiento hicieron todos los intentos de limpiarle la imagen a Oscar. Los demás llenaron los periódicos, bocinas de radio y pantallas de TV con sangre invisible. No hubo, ni hay pruebas.  Llenaron páginas para escribir un gran libro “Las Opiniones y Aventuras de los Serafines”. Todos justificaron la inocencia o la culpabilidad de “crímenes”. Quizá el mejor escritor que pudo editar ese libro, y ganaría unánimemente el Premio Nobel de Literatura, sería Abelardo Díaz Alfaro. Porque no sólo se escurrieron millones de comentarios en español, sino en inglés y en espanglish. Los leí todos uno por uno, y analicé todos los artículos, y llegué al extremo de censurar a mis amigos a que no leyeran idioteces. Pero hicieron caso omiso. Pudo ser la curiosidad de saber. Hay que tener curiosidad de entendimiento. Y me llegaban constantemente comentarios y “links” de noticias, y no paraban las invitaciones a mítines y organizaciones. Así fue que nos desunimos un día y así será como permaneceremos por mucho tiempo. Lamentablemente.

Sin embargo, Oscar no debería ser el tema central. Para qué desperdiciar tiempo reseñando sobre lo que hizo o no hizo como si no hubiese sido suficiente 35 años de encarcelamiento. Lo horroroso es que para muchos, y tengo las pruebas, la mitad de su vida encarcelado, con diez en total aislamiento, todavía no fueron suficiente. A veces pierdo la fe en este pueblo sonámbulo sin sino. La pierdo porque se descarrilaron todas las ambigüedades posibles, repitiendo como papagayos, en columnas y comentarios, con los mismos juicios que le acusaron las cortes por él no reconocidas. Los periódicos también fueron culpables. Lo fueron porque el 99% de artículos de noticias de primera plana, central y hasta deportiva mencionaban la FALN o los atentados que se argumentaban, que se le impugnaban, los asesinatos que supuestamente cometió, y los juegos de bolita y hoyo de su niñez mencionaron.  A veces se pierde la fe porque se juzga por boca de otro, por acusaciones que hicieron otros. Pero, ¿quién nunca ha pecado?

Este próximo domingo llega la mayoría de los jueces, o sea los periodistas, columnistas y comentaristas, a los centros religiosos, se multiplicarán de gente que acusa, y de aquellos que, aún después de la bancarrota, depositarán sus ofrendas, y prenderán velas a su santo de devoción, se arrodillarán y repetirán del evangelio “por mi culpa, por mi culpa, por mi…”. Se sentirán culpables por un momento, quizá. Luego saldrán a dar un paseo o regresarán con familiares a sus casas, algunos se acordarán del día en que se “declinó el reconocimiento”, otros importará un pito, la gran mayoría nunca entenderá hacia dónde sopla el viento. Su vía crucis será igual que la de Peyo Mercé. Le dieron órdenes y tuvo que seguirlas al pie de la letra como mandó su supervisor, Rogelio. “Otra jeringa más”, se dijo, porque se le ordenó que tenía que enseñar inglés (sin saber) “guazaberías que ahora nos venden”. Nos seguirán vendiendo. Antes se tenía una idea de lo que se debía hacer, ya no se sabe ni por dónde vamos.

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