Fernando Cabanillas

Tribuna Invitada

Por Fernando Cabanillas
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Otro golpe a la medicina alternativa

La prestigiosa revista médica Journal of National Cancer Institute acaba de publicar un artículo científico, proveniente de la Universidad de Yale, acerca del tema de la medicina alternativa.

La medicina alternativa no es otra cosa que lo que dice el nombre: una alternativa a la medicina tradicional, que la sustituye por una que no es convencional y que típicamente puede variar desde algún producto natural hasta una vitamina o dieta. 

La medicina alternativa consiste de cualquier tratamiento que no se ha probado científicamente como válido.  En el momento que es válido, deja de ser medicina alternativa y se convierte en tradicional. Ejemplos son la vitamina D y los probióticos para los cuales ya existen datos que prueban su eficacia. La medicina alternativa no se combina con la tradicional, sino que se usa exclusivamente, a diferencia de la medicina integrativa que combina ambas modalidades.

En el artículo titulado “Use of Alternative Medicine for Cancer and its Impact on Survival”, Skyler B. Johnson describe su análisis de 250 pacientes con los cuatro tipos de tumores más comunes en EE UU, específicamente cáncer de próstata, mama, colon y pulmón. Estos 250 casos fueron tratados de entrada con medicina alternativa. Se trata del primer análisis científico con resultados indiscutibles acerca de este tema tan trascendental. 

Luego de identificar estos pacientes en el “National Cancer Data Base”, pasaron a compararlos con 560 casos que tenian los mismos tipos de cáncer, pero tratados con medicina convencional. Excluyeron los casos con metástasis al momento de diagnóstico y solo incluyeron aquellos con enfermedad potencialmente curable.

Johnson empieza por describir el perfil del paciente que usa medicina alternativa, que ya de por sí es un tópico interesante. Muchas personas piensan que el típico paciente que rechaza la medicina tradicional, abrazando la medicina alternativa, lo hace porque su educación es muy limitada. Según este artículo, no es así, lo cual no me sorprende en absoluto porque también es mi experiencia que el típico caso es la paciente femenina, usualmente joven y muy bien educada, con un ingreso alto y con cáncer de mama como el tumor más común. ¿Por qué es así? Contestar esto tomaría otro estudio, pero solo puedo opinar que no deja de sorprenderme y que encuentro muy paradójico que personas bien educadas rehúsen mirar los datos y en su lugar abracen una medicina sin prueba científica.

Lo que sí me queda claro es que estas personas reúnen unas características comunes, entre ellas el hecho de que sienten una gran desconfianza de los médicos porque, según ellas, al ver al paciente solo pensamos en billetes verdes. No puedo negar que esto ocurre, pero no creo que es la regla general. Creo que los médicos somos más honestos que los políticos. Claro que con esta comparación se lo estoy poniendo muy fácil ala clase médica, y perdónenmelos políticos por generalizar, porque también los hay honestos.

Los adeptos a la medicina alternativa también desconfían de las grandes farmacéuticas porque piensan que conspiran para obstaculizar la otra opción. Dirían algunos psiquiatras que estoy pintando una personalidad con rasgos paranoicos. Pero en defensa de ellos (de los adeptos a la medicina alternativa, no de los psiquiatras), a veces un toque de paranoia es saludable y no viene mal. Como dice un chiste: el ser paranoico no quiere decir que no te estén persiguiendo. Muchas de estas personas también tienen lo que yo considero una personalidad “new age”, que ya describí en una columna anterior. Esta personalidad se caracteriza por una filosofía con fuertes influencias espirituales de los místicos asiáticos. Esto incluye un gran escepticismo en torno a la medicina científica y un potente énfasis en la medicina alternativa. Es innegable que algunos tratamientos convencionales para el cáncer producen gran toxicidad, y esto también contribuye al rechazo de la medicina tradicional.

Volviendo al estudio de Johnson, luego de analizar las características de los pacientes, condujo un análisis de cuánto tiempo sobrevivieron y encontró que los pacientes que seleccionaron la medicina alternativa en vez de la medicina convencional, tuvieron un riesgo de morir dos veces y medio mayor. La medicina convencional incluye cirugía, radioterapia y quimioterapia. Luego analizó el porcentaje de pacientes que vivieron por lo menos cinco años. Cuando miró todos los tipos de tumores, 80% de aquellos tratados con medicina tradicional vivieron cinco años comparado con solo 55% de aquellos manejados con medicina alternativa. Entonces pasó a analizar cada tumor individualmente y encontró que en cada uno de ellos, los tratados con medicina alternativa evolucionaban peor que los otros, pero en algunos tumores esta diferencia era más pronunciada. Por ejemplo, 80% de los pacientes con cáncer de colon tratados con medicina tradicional, vivían cinco años comparado con solo 30% de los tratados con medicina alternativa.

Estos resultados probablemente son todavía peor que los que reporta Johnson. ¿Por qué? Se sabe que muchos pacientes con cáncer comienzan a tratarse con medicina alternativa, pero al esta fracasar, cambian a la tradicional, la cual todavía puede ayudar algo, aunque no del todo, porque ya puede ser muy tarde habiéndose diseminado el tumor. En fin, lo que revela este estudio es que la medicina alternativa es prácticamente equivalente a no recibir ningún tratamiento para el cáncer.

Antes de concluir debo hacer hincapié en el hecho de que este estudio solo incluyó casos tratados exclusivamente con medicina alternativa, excluyendo los que recibieron medicina integrativa, que incluye la tradicional. Pero la lógica nos dice que el integrar la medicina alternativa con la tradicional no tiene sentido. ¿Para qué combinar una modalidad quea todas luces se ve que no es efectiva, con la medicina tradicional? Si vamos a combinar algo con la medicina tradicional debe ser algo que funcione, de lo contrario, lo único que hacemos es añadir toxicidad al cuerpo… y al bolsillo.

Después de leer esto, habrá quien piense que si le da cáncer y quiere vivir más, le irá mejor siendo pobre, con poca educación, de sexo masculino y confiado. No obstante, creo que es preferible ser desconfiado y tener educación, pero usarla para analizar metódica y críticamente los datos científicos disponibles al seleccionar el tratamiento

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