Josué Montijo

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Por Josué Montijo
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Palabras: luz que viene y te lleva

Palabras. Las hay dulces. Tranquilizadoras. Repletas de sosiego. Palabras como caricias. Arrumacos. Leídas. Escuchadas. Dichas. Sentidas. Palabras potentes.

Las hay también que funcionan como garfios. Halan. Descolocan. Te ubican donde quieren y cuando quieren. Sutilmente instauran regímenes autoritarios sobre uno. Blandas y letales.

Me gusta pensar que hay palabras que operan como una de esas remolcadoras marítimas que, desde cierto punto del mar, trasladan al puerto embarcaciones enormes. La incongruencia escenificada pues una es minúscula frente a la otra. Vez tras vez la remolcadora ejerce su función cómoda y efectivamente.

Hay palabras que son David y uno Goliat. El azote te derrumba. Bombas de relojería. Trampas en el suelo. Maldades. Palabras que son jugarretas cómicas. Zancadillas. Muchas que son fieras indomables.

Hay palabras que te raptan cual nave alienígena. Una luz que viene y te lleva, sin preguntar, sin tu consentimiento. Cualquier amago de resistencia es solo eso, amago, puro simulacro de hacerse el difícil, el jaquetón, la no presa.

Palabras mañosas que saben darte la vuelta. Quedas como pastel navideño.

Ya cautivo en ellas, ejercen su sortilegio a gusto y gana. Palabrita cual mantis religiosa masticando tu cabeza.

Y esas me encantan. Ni puedo ni quiero negarlo. ¿Para qué? Son como el cuco del viejo cuento que te echa en su bolsita y te fuiste. Evidente indefensión.

Como la palabra funche, por ejemplo.

Funche, no la veías venir.

La leí en un libro de cuentos y de pronto todo a mi alrededor dejó de existir. Ya dije, palabras potentes. Una simple palabra y el rapto ocurrió en mí porque activó el dinámico resorte del recuerdo. Vaya palabra. Vaya incitación. Recuerdos de mi familia, de mi hogar, de tantas cosas que hacíamos juntos. De los sábados al mediodía. Del olor. De los sonidos de la tele. Del color del achiote. De mi madre trabajando en la cocina. Funche.

Palabra pequeña. Para ti quizás desconocida e inconsecuente. Para mí palabra ultra absorbente, igual a ese papel toalla anunciado como infalible.


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