Chu García

Chuchazo

Por Chu García
💬 0

Panchito, un ahijado que gustaba de amar al prójimo

Cuando su padre empezó a trabajar como periodista de deportes en El Nuevo Día, el entonces director, Carlos Castañeda, le apodó El Marino, porque venía de las fuerzas armadas.

Primeramente, pasó el examen oral de Carlos López, rector de Recursos Humanos, quien se impresionó con su labia y jovialidad, además de su cultura y dominio del inglés.

Francisco Velázquez, asimismo, le dijo a López que era experto en el boxeo, lo que, según él, le abriría las puertas de la sección deportiva, donde sí abundaban los conocedores del pugilismo profesional.

Sin embargo, Francisco, que cedió su nombre al mote de Pancho, se transformó en el compañero ideal por su cordialidad, inteligencia e ingenio, dominando asimismo el francés, tanto hablado como escrito.

Con el tiempo, su hijo mayor, Panchito, altísimo, se hizo visitante asiduo y le surgieron los amigos a granel porque había heredado la nobleza y bondad de su padre, que desafortunadamente sufrió un trasplante de corazón, en Madison, Wisconsin y tuvo que acogerse a la jubilación.

Como prueba fehaciente de que la genética se hereda, hace unos meses Panchito, que se graduó de maestro y abogado, tuvo un derrame cerebral y se le diagnosticó que debía recibir la implantación de un corazón, ya que el suyo funcionaba en grado mínimo.

En un hospital de la Florida, se le dio un tratamiento para mantenerlo vivo, en coma inducido, pero hace unas horas fue reclamado desde los cielos a los cuarenta y pico de años, dejando una estela de cariño inmensa en este diario con empleados retirados y con clientes pobres que él defendía en los tribunales gratuitamente, asemejándose a su papá en la ausencia de materialismo.

En su época de ahijado de END, él aprendió que el desprendimiento es la madre de la generosidad, y que no existe nada más placentero que el desinterés alguno de percibir algo a cambio.

Panchito, pues, no auxiliaba al que se lo pedía, sino que lo hacía por comunión con su espíritu esplendoroso.

Hoy lo recordamos con lágrimas contenidas, pero consciente de que Pancho y Panchito estaban enchufados con almas misericordiosas y que cuando se encuentren se habrá unido otra vez un mismo corazón de oro macizo.




Otras columnas de Chu García

lunes, 17 de febrero de 2020

David Rosario: ícono en la región centroamericana

Molesta que un técnico talentoso, responsable y serio como el boricua David Rosario sea profeta en tierra lejana con la Selección de Baloncesto y no en su patria, afirma Chu García

miércoles, 12 de febrero de 2020

Panchito, un ahijado que gustaba de amar al prójimo

Panchito Velázquez aprendió que el desprendimiento es la madre de la generosidad, y que no existe nada más placentero que el desinterés alguno de percibir algo a cambio, dice Chu García

martes, 11 de febrero de 2020

Jazmon Gwathmey: la dínamo del Equipo Nacional

Desde que se enteró que podía competir por Puerto Rico, ya que su madre Iris Ramos nació en Santa Isabel, de inmediato Jazmon Gwathmey se integró al Seleccionado, dice Chu García

💬Ver 0 comentarios