José Osvaldo Reyes

Punto de Vista

Por José Osvaldo Reyes
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Pandemia de deshonestidad

Dan Ariely es un psicólogo de la Universidad de Duke, reconocido por sus estudios sobre la deshonestidad dentro de las organizaciones.  En su documental “Dishonesty: The truth about lies”, discute magistralmente cómo los seres humanos tienden a justificar las mentiras si ello suscita ciertos beneficios y, a su vez, permite que la persona continúe concibiéndose a mí misma como honesta.  Según Ariely, la combinación de beneficios y autopercepción distorsionada inclinará la balanza a favor del uso de la mentira.

Y es que esto es lo que parece estar ocurriendo entre funcionarios gubernamentales vinculados al escándalo del abortado contrato para la compra de pruebas de Covid-19 en Puerto Rico.  Mientras los documentos apuntan a que el contrato fue un montaje para beneficiar a notorios donantes del Partido Nuevo Progresista, sin legitimas consideraciones legales o salubristas, el gobierno se obstina en defender la transferencia de $19 millones como un acto agencial ordinario.  

Tristemente, la defensa de la imagen política se convirtió en la prioridad en medio de la crisis y de ahí la necesidad de recurrir a la mentira del no sabía, a la manipulación de conceptos legales y al trato subestimado de la inteligencia de los y las puertorriqueñas.  Haciendo esto se consideran aun honestos.

Este gobierno no ha entendido que el país no experimenta un estado psicológico habitual y que, en medio de traumas colectivos como este, la administración pública exige el reconocimiento de sus desaciertos para enmendarlos y garantizar algún residuo de credibilidad y apoyo popular. No hacerlo e intentar pasar la página, redunda en una percepción generalizada de corruptela que socava cualquier confianza y esfuerzo válido en medio de la crisis.  Igualmente, repercute negativamente en el proceso de duelo de cada familia afectada por esta tragedia.   

Decía Ignacio Martín-Baró que uno de los grandes peligros de los traumas colectivos es la deshumanización ante el dolor del otro.  En Puerto Rico ya este virus del Covid-19 ha costado muchas vidas y es condimentarlo con una pandemia de deshonestidad y mentiras. No es solo un síntoma de deshumanización, también hará que cueste muchas más. 


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