Mirelsa Modestti González

Punto de vista

Por Mirelsa Modestti González
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Pandemia: sobrevive el más apto

Se ha generado muchísima controversia sobre si debemos “abrir el país” y cuándo. Las autoridades científicas, mayoritariamente, abogan por prolongar el infelizmente llamado confinamiento. El sector comercial, comprensiblemente, aboga por abrir lo antes posible y esta polémica ocurre en casi todos los países. Pero, quizás el lente ha enfocado el objetivo equivocado porque más importante que “cuándo” es “cómo”.

¿Qué tendrá que cambiar para que podamos –con el menor riesgo posible– regresar a los trabajos, los comercios, la calle y enviar a nuestros niños a las escuelas? Prácticamente, todo.

En medio de la crisis pandémica y la no menos desastrosa crisis de confianza en nuestras instituciones, enfrentamos la dificilísima tarea de diseñar un plan para, cuando sea, abrir comercios, centros de trabajo, oficinas de servicio, instituciones docentes, etcétera. 

Primero, necesitamos una campaña organizada, concienzuda y concertada (¡hay que parar de improvisar!) para cambiar los hábitos del diario vivir de todos. Por ahora, tenemos que aprender a vivir con guantes y mascarillas y a manejarlos, de manera que sean una protección y no un vehículo de contagio. 

El distanciamiento físico será nuestra nueva realidad. Las celebraciones (¡nada de soplar velitas sobre un bizcocho!) tendrán que ser más pequeñas y tendremos que aprender a limitar nuestro contacto físico con otros. Las tiendas tendrán menos góndolas y pasillos más anchos, más separación entre cajas registradoras y alguna barrera, como un vidrio, entre cajero y cliente. 

Los espacios de oficina deberán reconfigurarse. Menos escritorios, más alejados y más espacios abiertos para almorzar y recesar. Hemos aprendido cuántas reuniones no eran, realmente, necesarias. La desinfección constante será, necesariamente, una prioridad. 

Las escuelas serán, a mi juicio, el reto más grande de esta “vida nueva”. Los niños y adolescentes de esta cohorte tendrán que reaprender normas de convivencia en espacios académicos, deportivos y extracurriculares -nada de compartir la lata de refresco, ni juntar el asiento para leer del libro del compañero-.  ¿Habrá que rediseñar algunos deportes? ¿Qué hacer con los bailes, las giras, las excursiones y todo lo que supone esa maravillosa etapa de la “vida de estudiante”?

Los servicios médicos tendrán que administrarse de manera diferente. Una de las ventajas de este desastre pandémico ha sido el fin de las esperas maratónicas en oficinas médicas. La telemedicina promete resolver situaciones leves en el hogar y las oficinas médicas citan un paciente por hora. Nadie en las salas de espera. Un sueño hecho realidad para los que tenían que llegar a las cinco de la mañana a anotarse en una lista, esperar tres horas, de pie, en un pasillo y luego tres horas más en una sala de espera atestada, a veces con dolor o malestar grave, otras, solo para una receta.

Los viajes cambiarán totalmente. Compañías como Boeing contemplan eliminar el asiento del medio y varias filas de asientos en sus aviones. El cine y el teatro tendrán que hacer lo propio. Las oficinas de gobierno y negocios de servicio tendrán que rediseñarse. Los turnos ya no serán en filas. Las ventajas de la tecnología se hacen ahora más que evidentes.

Estos son solo algunos ejemplos de todo lo que hay que repensar antes de siquiera mencionar la posibilidad de volver a la calle. Algunos dicen que será solo en lo que sale la vacuna o se encuentra una cura, pero esta no será la última pandemia. 

Seremos la primera generación con una nueva forma de convivir. Mientras, recordaremos que el concepto darwiniano es que sobrevive el más apto; no el más fuerte.


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