Antonio Meléndez Vargas

Punto de vista

Por Antonio Meléndez Vargas
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Pan, leche, huevos: la otra cara

La pasada semana comenzó una promoción de por lo menos tres franquicias de comida rápida, ofreciendo entre otros estos productos, que, aunque populares entre los consumidores, nunca han sido parte del ofrecimiento comercial de dicho tipo de negocio.

Y comenzaron los planteamientos, con algunos consumidores manifestando su respaldo, por la alegación de accesibilidad, y los comerciantes manifestándose en contra.

Recrudece la discrepancia ya que el domingo, por orden ejecutiva, solamente las panaderías que fabriquen y horneen el pan lo pueden vender, pero no así los otros dos artículos. Y las panaderías que están operando los domingos han cumplido. Estas franquicias hicieron lo que les dio la gana, violaron la ley y nadie les dijo nada.

Reaccionaron unidos todos los industriales del pan, y esto sorprendió, ¿por qué?

No fue para provocar discordia entre comerciantes.

No fue para amenazar a ese tipo de comercio.

No fue porque no podían vender esos productos.

No es por no vender leche, que, aunque es un producto muy solicitado, no genera ganancias en su venta.

No es por vender menos pan, que, porque saben que su calidad, frescura y presentación es superior, ese cliente lo seguirá respaldando.

Es una reacción a todas las situaciones que los pequeños comerciantes han tenido que enfrentar y no tienen apoyo y colaboración.

Las panaderías son un tipo de negocio complejo en su operación. Requieren de atención prácticamente 24 horas al día, los siete días de la semana. Combinan producción y elaboración de productos, ventas y una compleja administración.

Más del 90% de las mismas son operadas por su dueño y familia. No todas son como las panaderías grandes a las que acudimos en las áreas metropolitanas.

En la emergencia de los huracanes, aún con los vientos finales, ya había panaderos preparando su producción para brindar servicio lo antes posible. No con el fin de lucro, sino con el fin del servicio a la comunidad, la misma a la que han servido durante toda su existencia.

Como en todo negocio, los gastos de utilidades se han triplicado y los ingresos cada día son menores.

El panadero es un artesano, que se esmera que su producto final sea de excelencia y agradable al paladar de su cliente.

La lealtad de los clientes y el sobreponer la calidad a la comodidad ha surtido sus efectos en esta industria. En los últimos años hemos visto cómo han aumentado los ofrecimientos de este producto en todos los lugares que podamos imaginar: supermercados, estaciones de gasolina, farmacias y hasta tiendas de accesorios.

Las ayudas o asesoramiento de gobierno no están accesibles a muchos de estos empresarios, ya que apenas disponen de tiempo para salir de sus negocios. Los permisos son cada día más complejos. Lo que antes era un solo permiso ahora es por renglón, con pagos e inspecciones adicionales de las agencias reglamentadoras. 

Por esto es que la unión de la industria en este momento ha sido de esta forma.

No queremos quitar oportunidades a los consumidores, queremos resaltar que aquel industrial y artesano panadero que está en tu comunidad, que te ha brindado el servicio por muchos años, que, al igual que muchos, su negocio no está preparado o diseñado para atender por ventanilla porque su cualidad es llamarte por tu nombre y agradecerte tu visita, necesita también que en estos momentos tú lo respaldes.

Unidos… asegurando el futuro de nuestro pan.

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