Chu García

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Por Chu García
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¿Papel o digital?: el gran reto de El Nuevo Día

En ocasión de nuestro 50 aniversario, que se cumple el lunes 18 de mayo, El Nuevo Día ha invitado a personalidades de Puerto Rico a reflexionar sobre el acontecer noticioso en el país y el resto del mundo en las pasadas cinco décadas, con una mirada a futuro. Chu García presenta hoy su reflexión en  esta serie de columnas de Opinión.

El mejor eslogan que haya tenido este diario a principios de su fundación en 1970 quedó atado a la historia: “Ya lo sabía, lo leí por la mañana en El Nuevo Día”, lo que obligaba a su Director original, Carlos M. Castañeda, a imponer un estilo revisteril, con fotografías grandes en acción, titulares dinámicos y portadas llamativas, resumiéndolo él todo con una frase también lapidaria: “hay que vestir el muñeco”, enfatizando que la belleza del producto era primordial para alcanzar la cima y mantenerse en ella.

Tenía tanta razón, que con la caída de El Mundo por insistir en el conservadurismo, unido a una huelga general larga de sus empleados adscritos a la Unión Upagra, surgieron dos diarios que intentaron imitar a El Nuevo Día en su formato tabloide y cavaron sus fosas: El Reportero y Momento, pues no tuvieron la misma lucidez al ser copias sin poderío editorial.

Obviamente, Castañeda, que gustaba de firmar con las iniciales CMC dado que su segundo nombre era Mauricio, recibió respaldo total del propietario, Antonio Luis Ferré, quien decidió cerrar El Día en Ponce, que había nacido con el nombre de El Diario de Puerto Rico, en 1909, y transformarlo en El Nuevo Día, con sus dos primeras sedes en Puerta de Tierra, y la última en el Parque Industrial Amelia, en Guaynabo, en 1986, donde todavía permanece.

El poder autonómico que tenía Castañeda fue el detonante que lo mantuvo siempre en la cresta de la ola del éxito, ya que ALF no intervenía en la Sala de Redacción, por el contrario, asentía a su independencia de criterio.

A mí me tocó trabajar con él como Jefe de Redacción y Subdirector, tomando su cargo al acogerse él al retiro a fines de 1989.

Continué su misma fórmula de trabajo, consciente de no favorecer ninguna bandería política a pesar de que un sector de la sociedad lo acusaba de ser un medio estadista debido a que Antonio Luis Ferré era hijo del exgobernador y fundador del Partido Nuevo Progresista, don Luis A. Ferré, fallecido el 21 de octubre de 2003 a los 99 años.

Hijo del cubano Antonio Ferré Bacallao, él estudió ingeniería en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), con una maestría en 1925, y estudios posteriores en música, transfigurándose en un pianista excelente y más tarde en filántropo a la quinta potencia.

En mi época de Director tuve como ayudantes especiales a Luis Alberto Ferré Rangel, apodado Albi, y quien me sustituiría en 1996 junto con su hermana María Luisa, al yo renunciar en mayo de ese año, y quien desde 2006 preside la Junta de Directores y GFR Media, que posee además el diario Primera Hora, diseñado por Castañeda en 1997.

El avance del internet, océano cibernético que concibió el oleaje imparable de las redes sociales, ha obligado a El Nuevo Día a una reinvención continua, ya que Juan Twitter, Francisco Facebook y Helena Instagram producen comentarios individuales, disfrazados de noticia, a cada segundo, y yale quitaron el título de Cuarto Poder a la prensa escrita, que anteriormente era el padre de la radio y la madre de la TV en todos los aspectos noticiosos.

Mis cinco lustros de labor en estas páginas, claro, me fueron empujando a la evolución constante, y puse en manos de Albi la producción de ENDI, más que todo como valor añadido a la versión de papel que es la mina de subscripción, pues las agencias publicitarias saben que sus anuncios serán más vistos y valorados al llegar y quedarse en el hogar, que según las estadísticas un promedio de cinco miembros por familia tienden a leerlo.

El incremento vertiginoso de las ediciones digitales ha obligado a diarios prestigiosos como The London Times, en Inglaterra; El País en España; The New York Times, The Wall Street Journal y USA Today, colosos de la industria norteamericana, a empezar campañas fuertes de abonos digitales con precios módicos, esperanzados en retomar el éxito económico, afectado, repito, por el auge de las redes sociales que aparenta que jamás tendrá fin.

Mientras tanto, es menester que el periodismo de investigación, forrado de búsqueda de la verdad, sea el arma más potente frente a las redes sociales, propensas a la superficialidad, el enredo y la patraña.

Tenemos, pues, que el gran reto de El Nuevo Día en su 50 aniversario es decidir qué le favorece más como institución y defensor del pueblo: fortalecer el papel o ENDI, o hermanarles en calidad perenne, que, evidentemente, sería el platillo más apetecible para sus suscriptores y macro de lectores.

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