Irene Garzón Fernández

DE PRIMERA MANO

Por Irene Garzón Fernández
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Para honrar a los muertos de María

La tardanza injustificada en conocer de manera oficial que alrededor de 3,000 personas murieron en Puerto Rico por causa directa o indirecta de María parece haber afectado la capacidad de reacción adecuada de nuestros gobernantes.

María es una tragedia, la peor que hemos sufrido en 100 años, y el pueblo lo supo desde el primer momento a pesar de la ridícula cifra de 64 muertos que el gobierno insistió durante nueve meses en dar como el número oficial de víctimas fatales.

Sabemos que hubo negligencia en la preparación, altamente inadecuada, y que la respuesta gubernamental, tanto de Puerto Rico como de Estados Unidos, dejó mucho que desear. Una respuesta que el presidente Donald Trump acaba de reiterar que fue “fantástica”, pese a las demoras, a la escasez de materiales y equipos, a las ayudas insuficientes a los damnificados.

El gobernador Ricardo Rosselló Nevares admite ahora su responsabilidad en las fallas, pero reafirma su confianza en el secretario de Seguridad Pública, Héctor Pesquera.

Sin embargo, no hay arrepentimiento ni propósito de enmienda. No parece haber siquiera comprensión de la magnitud del desastre y de todo lo que falta por hacer para preparar al país para el próximo huracán, que ojalá tarde muchos años en azotarnos.

Todo se mide en fondos federales. Tantos miles de millones para viviendas, otros tantos para carreteras, más para infraestructura eléctrica y pluvial. Pero la planificación sensata y la sensibilidad con las verdaderas necesidades del país brillan por su ausencia.

Dinero, punto. Dinero que no compra seguridad, ni prevención, ni salud, ni educación, porque una buena parte de esos fondos se “invierte” en contratistas que a la larga, o a la corta, le aseguran cuatro años más de vida a muchísimos de nuestros políticos.

A propósito del malgasto de fondos, la última idea genial del gobierno central es hacer un monumento de recordación a las víctimas de María. Como si no estuviera allí el Centro de Convenciones Pedro Rosselló para recordarnos la incompetencia con la que se manejó la emergencia, sobre todo durante las primeras semanas.

Y San Juan no se queda atrás. La alcaldesa Carmen Yulín Cruz auspiciará un concierto “solemne” –como ella misma le ha llamado—a celebrarse el 22 de septiembre, dos días después del primer aniversario del paso del ciclón por Puerto Rico.

En la actividad “solemne”, gratuita para el pueblo y que todavía no sabemos cuánto le costará al gobierno municipal, participarán artistas como Pirulo, Choco Orta y Yolandita Monge. Como defensa contra las críticas al ambiente de fiesta que sin duda aportarán artistas como los mencionados, el municipio anuncia que también estarán el Coro de Niños de San Juan y el Coro de la Universidad de Puerto Rico.

No han entendido nada. Al huracán María no hay que recordarlo con monumentos huecos ni conciertos gratuitos, sino con acción afirmativa, con medidas a corto, mediano y largo plazo que protejan a la población de las consecuencias de tormentas como las que año tras año, para esta época, nos amenazan debido a nuestra localización geográfica.

Los gobernantes tienen una responsabilidad constitucional, legal y moral de velar por los mejores intereses del país. Y ese deber se extiende a quienes están ahora en la oposición pero aspiran a gobernar.

El estudio de la George Washington University que colocó en 2,975 el número de muertes provocadas por María llegó en buen momento para opacar otras controversias, como el caso de los cabilderos del Partido Popular Democrático, el enfrentamiento presupuestario entre la Legislatura y la Junta de Supervisión Fiscal, y los cambios en el sistema educativo.

No lo permitamos. Nos corresponde a nosotros, a los que suelo llamar ciudadanos de a pie, impedir con nuestra fiscalización continua que el gobierno y los políticos entierren sus actuaciones cuestionables en el mismo olvido en el que se pretendió sepultar a los muertos de María.

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