Emilio Pantojas García

Punto de vista

Por Emilio Pantojas García
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Para que nada cambie en nuestra crisis política

“Para que nada cambie todo tiene que cambiar”. Esta frase lapidaria de la novela Il Gatopardo de Giuseppe Tomasi di Lampedusa, parece ser el nuevo lema de la partidocracia criolla. Por primera vez en su historia el PPD irá a primarias por la gobernación, mientras que el PNP evitará las primarias ante la debacle creada por la pugna para la gobernación luego de la renuncia de Ricardo Rosselló. 

Pero este giro no es de 180 grados sino de 360 grados; vuelven al mismo sitio. Los resultados de La Encuesta de El Nuevo Día confirman lo que sabíamos, el PPD no quiere cambio. El líder favorecido por “la base popular” es el líder de la minoría en el Senado, Eduardo Bhatia; la contraparte simpática del presidente del Senado Thomas Rivera Schatz. 

Por otra parte, la decisión del PNP de lanzar como candidato a Pedro Pierluisi confirma el mismo parecer entre el liderato del PNP. El reciclaje de líderes ante la crisis es un intento de restauración: volver a una normalidad imaginada cimentada en preferencias de estatus. El PNP insertará un plebiscito “estadidad sí o no” en los comicios. Bhatia, en sus anuncios en las redes, reclama su vínculo independentista por la vía de su madre y su vínculo muñocista por la vía de su padre. “Lo mejor de los dos mundos”, el centrismo inmovilista, el estatus no será el “issue” pero sí lo será, hay que parar la estadidad y el PPD es el instrumento, será el mensaje,

Todo cambia y nada cambia. El PNP no irá a primarias mientras acepta la candidatura de Pedro Pierluisi, una “cara vieja” y agotada que asumió ilegalmente la gobernación en medio de la Insurrección de julio 2019. El PPD va a primarias para elegir otra cara vieja y también agotada, un líder sin plataforma ni estrategia reciclando lo obvio.  

Las alternativas de cambio en este momento son el Partido Independentista Puertorriqueño y el Movimiento Victoria Ciudadana. Una victoria del PIP sería un cambio de proporciones sísmicas, grande e inesperado. Por otra parte, una victoria del MVC también sería un cambio inesperado, algo así como el triunfo del PNP en 1968. 

A un año de las elecciones ya se perfila una clara división en la contienda electoral: el régimen antiguo de la partidocracia versus un cambio radical. El PIP representa un cambio radical en cuanto al estatus, pero su exiguo apoyo electoral refleja su inhabilidad de trascender el tema del estatus y plantear un proyecto de país que apele a las grandes mayorías descontentas e indignadas. El MVC, por su parte, es una coalición social que agrupa los sectores indignados, desafectos de la partidocracia, los nuevos movimientos sociales, así como la izquierda independentista, transformada en soberanista y los grupos sindicales. Así se perfilan los comicios del 2020. Puede ser que alguno de los partidos tradicionales gane, pero será por una pluralidad. Una mayoría cuya legitimidad seguirá cuestionada. La crisis política continúa.  

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martes, 10 de septiembre de 2019

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La pregunta, que a la vez es amenaza para los líderes de gobiernos y de partidos tradicionales, es qué fuerza sociopolítica puede surgir de estos movimientos espontáneos. La respuesta en Puerto Rico es el incipiente Movimiento Victoria Ciudadana, según Emilio Pantojas

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