William Villafañe

Punto de vista

Por William Villafañe
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¿Para qué tantas consultas plebiscitarias?

Hoy nos mueve un sentido de frustración que nunca antes se había experimentado en Puerto Rico. El despertar de la conciencia colectiva respecto al grado de los daños ocasionados por la situación colonial simplemente no puede cuantificarse ni monetaria ni psicológicamente. Con el pasar de los días se acentúan los estragos de un quebrantamiento nacional, cuyo diagnóstico hecho por Albert Memmi, tiene nombre y apellido: “El retrato del colonizado”. En los pasados días, el Partido Nuevo Progresista anunció que el próximo año se estará celebrando una consulta de estadidad sí o no. Como era de esperar, la oposición inmovilista ya ha presentado objeciones a que sea el pueblo, ustedes, quienes decidan si quieren ser un estado de la unión. Predecibles por demás, argumentan y hacen las siguientes preguntas retoricas vacías, para intentar influenciar a los ciudadanos: ¿para qué tantas consultas? ¿Por qué no nos han anexado? ¿Por qué si han tenido todos los comisionados residentes en los últimos años, la estadidad no ha llegado? La previsible reacción de los defensores de la colonia perpetua no se sostiene con fundamentos, esto así porque no están acostumbrados combatir ideas con ideas. 

Para romper con la situación colonial debe consultársele al pueblo, cuantas veces sean necesarias, y esto es importante aceptarlo, ya que la otra alternativa que nos queda es conformarnos con el discrimen y el indigno trato que tenemos actualmente. Cómo es posible, que por absurdo que les parezca, si todos los expresidentes de los Estados Unidos de América que aun viven se mudaran a Puerto Rico y establecieran su residencia aquí, simplemente no pudieran votar en las próximas elecciones, por el mero hecho del lugar donde residen. ¿Acaso estamos conformes y a gusto con un trato tan vil? Pueblo que me lee, otros estados, mientras fueron territorios, hicieron más de una consulta a su pueblo, por ejemplo, Maine (1792, 1791, 1807, 1816, 1819); Wisconsin (1840, 1842, 1843, 1844, 1846); y Oregón (1854, 1855, 1856, 1857), entre muchos otros. 

En fin, levantemos nuestro grito de lucha ante la indignidad, discrimen, frustración, desigualdad, y claro menosprecio a quienes somos. No permitan que el inmovilismo los induzca a error, ya que al parecer olvidaron las raíces de su propio liderato, veamos: “Vengo de un país cuya pujanza es el asombro del mundo… He podido estudiarle en sus actividades para el trabajo y en sus instituciones para el gobierno. Y le admiro profundamente, lo mismo en sus campiñas fecundas y en sus ciudades industriosas, que, en sus leyes, redactadas y cumplidas con el espíritu de una verdadera democracia. En la América del Norte el único poder, la única fuerza, residen en el sufragio”. Luis Muñoz Rivera, Discurso al Regresar de los Estados Unidos, 7 de septiembre de 1899.

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