Mayra Montero

Antes que llegue el lunes

Por Mayra Montero
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Para que todo siga igual

La administración de Donald Trump ha salido coja de las elecciones de medio mandato. Pero se trata de una cojera peligrosa: muerde.

El voto boricua en la Florida se movilizó. Pero la movilización no le dio la victoria a candidatos demócratas, sino a un gobernador aupado y bendecido por Trump (Ron DeSantis), y a un nuevo senador republicano, Rick Scott.

La caravana de refugiados que avanza hacia Estados Unidos, no favoreció necesariamente a los demócratas, pese a las barbaridades proferidas por Trump. Más bien infundió y todavía infunde incertidumbre en los votantes.

Para Puerto Rico no ha cambiado nada, aunque hayan revalidado unos congresistas que, hasta donde pueden (que es poco), han mostrado cierto compromiso con la Isla, y aunque haya ganado una joven mujer devota de Bernie Sanders, que se denomina socialista.

Pero el Congreso es un mundo absorbente. El sistema es el sistema. Y en cuanto a Sanders, hasta hace poco tiempo no sabía lo que eran las leyes de cabotaje: declaró que no estaba “familiarizado” con ellas. No sé si ya se “familiarizó”, pero que me ahorquen si él o su pupila van a mover un dedo de ahora en adelante para eliminarlas.

Son los poderosos sindicatos estadounidenses, compuestos por la “gente de mar”, los que más se oponen a que la Isla tenga la ventaja de transportar esa enorme cantidad de carga proveniente de Estados Unidos en barcos de distintas banderas, y con tripulación de cualquier nacionalidad.

Donald Trump no se mueve por razonamientos, sino por impulsos e instinto. La esperanza de sus opositores es que la Cámara baja, en poder de los demócratas, inicie investigaciones que conduzcan al “impeachment” del Presidente. Para ese momento, Trump que es muy hábil, se habrá sacado de la manga varias cartas decisivas: aparte de la carta de la economía, que para los americanos es vital, tendrá la de las caravanas de inmigrantes. El presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, está haciendo su parte, ofreciendo refugio y eventual trabajo en México a muchos de los refugiados, un acuerdo al que sin duda llegó en sus diálogos con Trump. Pero la mayoría quiere seguir hacia el norte. La tragedia humana que se puede desatar cuando los detengan en la frontera solo es comparable con la tragedia humana que se desataría si lograsen entrar. Para nadie es secreto que entonces decenas de nuevas caravanas emprenderían su marcha desde todos los países centroamericanos. Una muchedumbre, no de cinco mil almas como ahora, sino de cientos de miles que avanzarán a como dé lugar.

Sabemos de sobra cuáles son los factores que han propiciado, desde hace muchas décadas, desde los albores del pasado siglo, el disloque y empobrecimiento de esas naciones como Honduras, El Salvador o Guatemala. Es un dilema moral y ético para todo el que tenga dos dedos de frente, lecturas y memoria histórica. Pero la solución no puede ser el desarraigo, vaciar esos países en ríos de gentes migrando al otro lado.

Hay que subrayar, por cierto, que Puerto Rico no está exento de recibir caravanas. El mar no es ningún inconveniente, pues para eso existen las balandras, las yolas, las barcazas abandonadas. Para eso existen, incluso, los traficantes de seres humanos que amontonan refugiados en frágiles embarcaciones. ¿Nadie le ha echado el ojo últimamente al Mediterráneo?

El escenario que queda luego de estas elecciones de medio mandato, estaba más que previsto por la cúpula estadounidense y por los grandes intereses globales. Pudieron cambiar las cámaras, para que todo siga como está, pero lo que hubo fue un pequeño vuelco, para que todo siga igual.

En cuanto aquí, mejor que le temamos a ese Frankenstein de reforma contributiva, diseñado para esquilmar a los contribuyentes y seguir llenando los bolsillos de alcaldes y políticos de distinto pelaje. Mejor que, de momento, nos concentremos en la encerrona que nos preparan.






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