Héctor E. Colón Rodríguez

Tribuna Invitada

Por Héctor E. Colón Rodríguez
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Parguera es bosque, no arrabal

E l Bosque Estatal de Boquerón fue creado, junto a otros terrenos, a través de la proclama del gobernador Arthur Yager en 1918, aunque había sido protegido previamente por la corona española bajo el nombre Montes del Estado. Está protegido por sus atributos naturales y forma parte del sistema de bosques estatales de Puerto Rico que fue creado por ley para administrar estos lugares de importantes recursos naturales e inventariados por España. Tuve el honor de ser su primer oficial de manejo entre 1983 y 1987.

Los bosques estatales adoptaban su nombre del lugar de la casa del guardabosques que, en nuestro caso, se construyó en el poblado de Boquerón en Cabo Rojo para así estar a medio camino de todas sus parcelas. Desde Los Morrillos de Cabo Rojo (El Faro) hacia el este, la reserva incluye todos los salitrales, manglares e islas desde La Pitahaya, Cabo Rojo hasta la Bahía Montalva y su colindancia con Guánica. Por lo tanto, todos los salitrales, manglares e islas, al igual que las invasiones ilegales de caseteros en La Parguera, están dentro del Bosque, y el proyecto del Senado 1621 regala 200 cuerdas de este segmento.

Escribo esto por los niños y los mayorcitos. La relación de los niños con la naturaleza es esencial para el desarrollo del individuo. Y por ello lucho y escribo, para que todos nosotros podamos tener este tipo de experiencia sin que nadie coarte nuestros derechos.

Escribo también por el desconocimiento. En las audiencias públicas senatoriales sobre el proyecto de La Parguera me opuse al mismo. Pero desde las vistas, me percaté de que ni los profesionales saben que lo que se privatizaría en La Parguera pertenece al Bosque Estatal.

Este desconocimiento asusta, ya que hay muchas áreas naturales protegidas y el Bosque es una de las más viejas. Se puede entender de los políticos propulsores, pero no así de profesores y estudiantes de ciencias marinas en la UPR, el Sea Grant del Colegio de Mayagüez y de empleados de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA). Por lo tanto, no es raro que un proyecto tan aberrante como éste se haya presentado.

Quien se haya quedado en una caseta ilegal en La Parguera; haya visitado la Playita Rosada, la Bahía Luminiscente, la Isla Magüeyes, y cayos como Caracoles, Enrique y Laurel; se haya metido por el Canal del Marimbo para salir hasta Cabo Rojo; o visitado El Faro de Cabo Rojo, El Combate, el Refugio de Aves, y otros lugares como la Laguna Joyuda, Cayo Ratones y los Manglares de Guanajibo en Mayagüez ha estado en el Bosque Estatal.

Al privatizar estos terrenos, dejarían de ser protegidos y cesarían de estar disponibles para el disfrute de todos. Tal usurpación es impermisible. Sería equivalente a construir y privatizar un arrabal dentro del parque nacional Yellowstone.

Si España, Estados Unidos y luego el ELA han protegido estos lugares por su riqueza ecológica y económica, estoes motivo suficiente para erradicar las casetas como contempla la Ley de Bosques y detener el proyecto acéfalo, oportunista y exclusivista para una minoría que impunemente viola y se ríe de las leyes.

Esta élite de “bullies adinerados” ha sido, y es, el reto más difícil para poder manejar adecuadamente los recursos naturales públicos en La Parguera. Me consta, por mi experiencia y la de personas que conozco, que han llegado a hacer amenazas de despidos y de otra índole a empleados del gobierno a través de sus influencias. No se trata de que no ha habido voluntad para resolver el problema; lo que hay es terror entre los funcionarios que laboran en el lugar.

Este arrabal de casetas no atrae a visitantes, como se dice. Tampoco permite a los ciudadanos ni usar ni disfrutar el frente marítimo como dispone la ley. Los turistas son atraídos por los muchos recursos naturales que proveen el Segmento de Parguera del Bosque Estatal de Boquerón y la complementaria Reserva Natural.

El gobernador Alejandro García Padilla sería recordado como un héroe si hace cumplir las leyes, lo que conlleva tomar control del lugar, darle valor a los empleados de DRNA, sacar las estructuras y rellenos ilegales, restaurar el hábitat en sus condiciones originales y permitir que se hagan proyectos de manejo cónsonos con la protección del ambiente, tales como paseos tablados a lo largo de la costa, salitrales llenos de agua y, a su vez, flamencos rosados y otras aves acuaticas, rampas para botes y muelles públicos.

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