José Cruz López

Desde mi perspectiva

Por José Cruz López
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Parkinson: la vida antes y después del diagnóstico en un atleta

En medio de la temporada de 1991 en las Menores con la organización de los Tigers de Detroit, el receptor boricua Samuel Ubiñas comenzó a confrontar problemas a la hora de devolverle la pelota al lanzador.

Ubiñas había sido reclamado en el sorteo de Novatos de 1989 por los Tigers, y su sueño, como el de todo jugador, era llegar a las Grandes Ligas.

Pero repentinamente, Ubiñas comenzó a experimentar un problema en su mecánica de tirar: no tenía control de sus envíos al pitcher mientras militaba a nivel Clase A.

Conozco a Ubiñas hace algunos años, luego de llegar a mi oficina buscando alternativas para complementar y mejorar su calidad de vida mediante una rutina de ejercicios y flexibilidad. Me explicó cómo fue perdiendo el control de los lanzamientos, cómo se sintió, y cuál fue la reacción de sus compañeros, coaches, staff de trainers y personal médico.

Contó que hizo todo tipo de ajustes. En un principio podía tirar a las bases y realizar tiros desde los bosques, pero nunca pudo devolverle la pelota al lanzador. Evidentemente su destreza y movimiento de motor fino comenzaba a sufrir daños. Para ese entonces no presentaba ninguna otra sintomatología. Siguió al pie de la letra los consejos y el plan de la organización. Programas de tiros a diferentes distancias, realizaba las rutinas físicas e incluso visitó a psicólogos. 

Transcurrió el tiempo y escuchaba lo mismo prácticamente todos los días: ‘Samuel eso es mental’. Un año después, Samuel fue dejado libre por los Tigers. Realizó otro intento de regreso con los Pirates de Pittsburg, pero sin éxito.  No era mental el escenario en el que se encontraba Ubiñas. La sintomatología de la enfermedad de Parkinson precoz era ya parte de su vida y él lo desconocía.

El Parkinson es una enfermedad progresiva y degenerativa del sistema nervioso, con una sintomatología gradual en limitación de movimientos, rigidez muscular y articular. A su vez presenta temblores involuntarios leves, en la primera etapa.  Los primeros signos de la enfermedad pueden pasar por desapercibidos, máxime en una población joven que practica deportes y físicamente se encuentra en un estado óptimo. Ubiñas continuó con su vida, estudió contabilidad y forjó una carrera profesional fuera del diamante.

La sintomatología de la enfermedad se hacía más evidente al pasar los años. Dificultad para escribir, para manejar los botones de la camisa, problemas con el habla, y algunos movimientos eran más lentos. A los 34 años, luego de visitas al neurólogo y diversos estudios, fue diagnosticado clínicamente con Parkinson. Con esta enfermedad las neuronas que producen la dopamina mueren, las células que controlan el movimiento no pueden enviar señales apropiadas al sistema músculo-esqueletal. La dopamina es un neurotransmisor del sistema nervioso central. En palabras simples, un mensajero. Tiene muchas funciones importantes a nivel motor y cognitivo. Se asocia directamente al sueño, al humor, la atención y al aprendizaje.

En el caso de Ubiñas la medicación tuvo en él varios efectos secundarios como alucinaciones e insomnios. Relató que luego de medicarse, a la hora y 30 minutos apenas podía caminar. En los momentos más difíciles el ejercicio fue lo que lo mantuvo de pie.

Algunas complicaciones generales son:

• Dificultad para pensar

• Problemas para tragar

• Problemas para comer y masticar

• Problemas con la vejiga

• Problemas para dormir

• Dolor muscular y en articulaciones

• Disfunción del olfato y del habla

A los 43 años se sometió al tratamiento quirúrgico, Deep Brain Simulator. Es un aparato que envía impulsos eléctricos a partes específicas del cerebro que controlan el movimiento, bloqueando señales nerviosas anormales que causan temblor.

A los 47 años, hace dos semanas, se sometió a otro procedimiento quirúrgico de nombre spine simulator. Es un transmisor colocado en la espalda, el cual lleva un cable a la columna vertebral, donde envía mensajes eléctricos, que bloquean el dolor.

Samuel Alexys es un guerrero. En marzo de 2019, nadó dos kilómetros en el San Juan Ironman. Se ejercita a diario y tomó un curso de entrenador personal con el fin de ayudar a otros con su misma patología. Es admirable su determinación. Desea ayudar a personas que inesperadamente son diagnosticadas con una enfermedad degenerativa.

El autor es fisiólogo del ejercicio y posee un centro de desarrollo y capacitación. Puede ser contactado al correo electrónico [email protected]

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