César A. Rey Hernández

Tribuna Invitada

Por César A. Rey Hernández
💬 0

Pase de batón en Puerto Rico

Gabriela Mistral nos dijo en un poema que en la educación la esperanza es similar a la siembra de un árbol, donde los frutos y su sombra no se verán necesariamente por aquellos que lo siembran. Estamos frente a esa nueva cosecha que nos dio cátedra social en los pasados días. Como pueblo, tenemos que abonar a esa fe de la buena cosecha y esmerarnos en que sea un buen cultivo.

Puerto Rico atraviesa por uno de sus momentos más decisivos en el fortalecimiento de su democracia y en la afirmación de su identidad como pueblo que cultiva y valora su sociedad. Estamos en la encrucijada de volver a definir qué aspiramos como pueblo. Tenemos que evaluar nuestros paradigmas del quehacer de nuestro país, igualmente retomar nuestras voluntades colectivas en la revisión y el fortalecimiento de las mismas, armar un proyecto colectivo que trascienda los cuatrienios y nos ubique en una planificación a más largo plazo.

Esto supone un esquema económico, social, empresarial, educativo y cultural nuevo. Tal vez debemos retomar nuestro rumbo combatiendo la baja autoestima que en ocasiones proyectamos o se proyecta de nosotros en los medios. Es avasallador a la cantidad de noticias que se priorizan con la única intención de alimentar el inmediatismo y la sensación de crisis permanente que en nada edifica nuestro espíritu colectivo.

Hemos abusado de la reserva de la autoestima. En ocasiones se nos presenta un país donde reina el desequilibrio, la violencia y la desesperanza y no es raro escuchar por las distintas generaciones que su única salida es la emigración de nuestra tierra. Esto sencillamente es inaceptable y pesa en la moral de nosotros como pueblo el poder cambiar esta realidad, más allá de las pequeñas peleas muchas veces estériles que diariamente libramos en Puerto Rico.

¿Qué hemos aprendido en los pasados días? Que hay sobradas razones para armarnos de una nueva ilusión de país y para eso tenemos que decodificarnos todos los sectores sociales y recuperar la confianza que como pueblo nos hemos ganado a través de nuestra historia y de manera sobresaliente en los pasados días. Tenemos que convocar un proyecto nacional sensato, alcanzable y optimista que nos permita crecer como sociedad. Priorizamos de manera inmediata desde la perspectiva valorativa más prejuiciada y con el desdén de que nada es importante.

Nuestra sociedad requiere una revisión de su estado de situación y de este esquema quebrantado de su ingobernabilidad. La democracia esta vez nos puso en una encrucijada que tenemos que superar y salir triunfante de ella. Cada día más se evidencia, no solo en Puerto Rico sino en el mundo, que aquellos que tenían la exclusividad de la representación social ya no tienen la misma convocatoria.

Hay una crisis de representatividad y los espacios públicos tienen que ser sustituidos con nuevos protagonistas que tengan la fuerza civil y moral necesaria. Nuevos y viejos sujetos sociales tienen que buscar nuevos aliados en esas avenidas de la convergencia y validar aquellos espacios donde todos los días se logren éxitos en nuestro avance como sociedad.

Esos grupos de movimientos de jóvenes ciudadanos, servidores públicos, organizaciones comunitarias, movimientos eclesiásticos y cuerpos de voluntarios, al igual que muchos sindicatos que tienen la autenticidad y la capacidad de armar nuevos espacios de encuentros, son los llamados a construir esa gobernabilidad.

El Estado benefactor de antaño nos mal acostumbró y seguimos depositando la exclusividad en la responsabilidad estatal, y esto ya es insostenible. No puede el Estado asumir esta responsabilidad de manera exclusiva: la convocatoria para armar nuestro país es de todos.

El país requiere un nuevo referente social donde los elementos de inclusión, diálogo que fomenten el desarrollo y la paz se apoderen de los entornos sociales en una dinámica de tensión en los distintos encuentros de nuestra cotidianidad. Hay formas diversas de hacer gobernable nuestro Puerto Rico y la única manera de emprender este país es a través de la capacitación y concientización de los distintos sectores que hacen productiva nuestra realidad, tanto desde lo económico hasta lo cultural.

Igualmente, el conflicto tiene que ser superado con prácticas menos adversariales y más conciliatorias. Hay que crear una cultura del consenso y la manera más efectiva es apoderando a todos estos nuevos protagonistas y provocando que ese liderato medie en procesos que hasta ahora son cuellos de botella en el adelanto de causa social.

El Puerto Rico posible y al que aspiramos se logrará solamente si emprendemos y exigimos una visión más integrada de nuestros problemas y retos, que supere los cuatrienios y la aldea pequeña de lo inmediato.

Esta es la base de una planificación a largo plazo que nos devolverá a unas estructuras mucho más cercanas a los ciudadanos y con la capacidad de ilusionarnos como pueblo. Solamente así haremos de nuestra siembra la cosecha de ese árbol de la ilusión boricua. Que viva esa nueva generación que asumió el batón de la manera más valiente y correcta.

Otras columnas de César A. Rey Hernández

miércoles, 31 de julio de 2019

Propósito para un nuevo Puerto Rico

César Rey declara que el país hoy apuesta a que esa voluntad de propósito de un nuevo Puerto Rico refleje la necesidad de consenso, gobernanza y respeto a sus ciudadanos

martes, 16 de julio de 2019

Revisitando a Puerto Rico

César A. Rey-Hernández declara que el liderato del país debe dar prioridad a una crisis con implicaciones en la legitimidad de la democracia

💬Ver 0 comentarios